Este es el año en que las mujeres contraatacaron y ganaron

Desde acabar con el proyecto de ley de género de Escocia hasta convencer a los deportes para que protejan las categorías femeninas, las feministas han recuperado su voz

El año pasado por estas fechas, las mujeres lloraban en la tribuna del Parlamento escocés (artículo en español). En una sesión que acabó a altas horas de la madrugada, se aprobó una ley que permitía a cualquier hombre obtener una partida de nacimiento femenina si le daba la gana.

Incluso las enmiendas desesperadas para excluir a los delincuentes sexuales registrados o a los violadores en espera de juicio fueron rechazadas por el gobierno SNP (Partido Nacionalista Escocés)-Verdes, decidido a aprobar a toda costa su Proyecto de Ley de Reforma del Reconocimiento de Género.

Aquellas mujeres lo habían intentado todo. Cuando sus propios sindicatos y partidos las despreciaron, formaron organizaciones de base para escribir cartas, analizar políticas, presionar a los ministros (que se negaron a reunirse con ellas), celebrar concentraciones en las que se encontraron con violentos abusos. Pero al final tenía a casi toda la clase política escocesa en su contra.

Sin embargo, 12 meses después, el proyecto de ley ha muerto y su impulsora, Nicola Sturgeon, ha huido de la política. Las tenaces mujeres escocesas fueron las últimas en reírse… gracias a una mujer en Londres. Fue la ministra de Igualdad, Kemi Badenoch, quien insistió en que el reacio secretario escocés, Alister Jack, interpusiera una orden de la Sección 35. Esto acabó en una sentencia de Lady Haldane en el Tribunal de Sesiones de Edimburgo tan concluyente que el gobierno escocés no recurrirá y pagará a Londres las 350.000 libras de costas judiciales.

Este ha sido un año de notables victorias para las mujeres. O seamos lúcidas: las feministas consiguieron impedir que se les robaran derechos y salvaguardias de décadas sin su consentimiento. Tanto remar frenéticamente para quedarse quietas. Pero quizá la marea haya cambiado, al menos en lo que respecta a la profunda misoginia institucional que permitía a funcionarios meter alegremente violadores en las cárceles de mujeres. La ventana de Overton se ha desplazado un poquito: ahora es legal que las mujeres expresen su preocupación cuando la ideología de género afecta a sus vidas. Imaginaos…

Condenadas al ostracismo, vilipendiadas, organizadas, inquebrantables: así es como las mujeres han mantenido la línea. En el deporte, donde la ventaja física masculina es evidente hasta para una criatura, es asombroso que las mujeres hayan tenido que luchar tan encarnizadamente por un juego limpio básico.

Ante el hecho de que Emily Bridges, excampeón junior masculino, se llevara medallas femeninas, las ciclistas olímpicas tuvieron que amenazar con retirarse de las carreras para que British Cycling cambiara las reglas. En marzo, el leviatán del atletismo mundial tomó medidas -gracias a Seb Coe- para proteger la categoría femenina, lo que animó a los cuerpos directivos más pequeños a seguir su ejemplo.

Ahora, en el Reino Unido, la natación, el triatlón, el rugby, el baloncesto en silla de ruedas y el esquí acuático femeninos, así como el remo, el voleibol y el bádminton femeninos en Inglaterra, vuelven a ser exclusivamente femeninos. Otra docena de deportes, desde el golf a la gimnasia, están revisando sus reglas.

Y no nos olvidemos de la pesca en la playa, donde el equipo femenino inglés se bajó de cañas ante la injusticia de incluir a un pescador que se dice trans con fuerza y alcance masculinos en la parte superior del cuerpo… hasta que se cambiaron las reglas. Aun así, deportes de aficionados como el Parkrun (pruebas de 5 kilómetros donde los participantes pueden caminar, hacer footing o correr, que se celebran todos los sábados por la mañana en más de 2.000 lugares de 22 países de los 5 continentes) siguen asediados por hombres que argumentan que las mujeres deben aguantarse la derrota para promover la «inclusión», porque las competiciones femeninas, a diferencia de las suyas, son «sólo un rato de diversión».

En el gobierno, las mujeres han luchado contra la captura institucional desde dentro. Badenoch ha hablado de cómo funcionarios intentaron impedir que se reuniera con Keira Bell, que llevó a la clínica Tavistock Gids (artículo en español) a revisión judicial por recetarle hormonas masculinas de las que luego se arrepintió.

Después de defender la legalidad de los derechos basados en el sexo, la directora de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos, la baronesa Falkner, se enfrentó a acusaciones de acoso inventadas por parte de su propio personal y sólo fue exonerada tras una cruenta investigación.

Y las orientaciones escolares de esta semana sobre menores que se cuestionan su género fueron el resultado de años de batallas internas. En primer lugar, Badenoch se vio obstaculizada por su antigua jefa, Liz Truss, que ahora tiene la desfachatez de decir que las directrices no van lo suficientemente lejos. Luego tuvo batallas entre bastidores con Gillian Keegan, la secretaria de Educación, y el personal de su departamento favorable a Stonewall. Mientras tanto, su colega conservadora Caroline Nokes intenta (y no lo consigue) desplegar el comité de mujeres e igualdad que preside para emboscar a Badenoch a cada paso.

Pero la victoria más importante fue el apoyo de la ministra de Educación en la oposición, Bridget Phillipson, a la orientación escolar. Sin el giro de los laboristas hacia una posición sensata en materia de género, todos los demás logros podrían desaparecer en las elecciones del año que viene.

Una vez más, las mujeres de base se organizaron -a pesar de los esfuerzos de los laboristas LGBT por silenciarlas e incluso expulsarlas-, mientras que diputadas como Tonia Antoniazzi, Shabana Mahmood y Diana Johnson dijeron a Sir Keir Starmer que, a menos que los laboristas abandonaran la autoidentificación, todos los entrevistadores electorales les iban a preguntar qué porcentaje de mujeres tienen pene.

Todas estas luchas dispares tienen otra consecuencia: la creación de un nuevo grupo de feministas curtidas en batallas que han disfrutado de la solidaridad a menudo transversal entre laboristas y conservadores o, en Escocia, entre nacionalistas y unionistas. Las mujeres que se habían desconectado del feminismo se despertaron bruscamente con las amenazas a los refugios exclusivos para mujeres o el insulto de ser llamadas «úteroportantes». Esas mujeres se me acercan por la calle: están enfadadas, decididas y se están organizando en grupos de WhatsApp, encontrando mentes afines en el trabajo o en las escuelas de sus hijos e hijas.

Las guerras de género continuarán en el avispero de la prohibición de las terapias de conversión o garantizando que el informe de la doctora Hilary Cass sobre el tratamiento de los menores que se cuestionan su género se aplique en su totalidad. Pero se han abierto otros frentes.

Está en auge un nuevo feminismo que cree en el cambio material más que en el individualismo posmoderno, que busca mejorar la condición de la mujer más que identificarse como lo contrario. Con sus propias pensadoras y su canon de libros, se prepara para futuras batallas, por ejemplo, contra las propuestas del Colegio de Abogados de comercializar los vientres de alquiler; para presionar en favor de una reforma de las leyes sobre prostitución siguiendo el modelo nórdico, que ilegaliza la compra de sexo; o para hacer frente a un sistema de justicia penal en el que el 3% de las denuncias por violación acaban en acusación.

El activismo feminista de base está en su punto más alto desde los años ochenta. La giganta había caído en un letargo gigantesco, pero ahora está definitivamente despierta.

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6 comentarios

  1. Muchas gracias por tu labor. Sin ella no tendríamos noticias de lo que pasa en otros países. Bravo por las feministas inglesas y escocesas que han conseguido que la sensatez, poco a poco, se vuelva a imponer en Reino Unido

  2. Muchísimas gracias por compartir esta recopilación de información tan valiosa. Ayuda a no perder la esperanza.
    Bravo por seguir peleando por la razón.
    Gracias, felices fiestas!

  3. Artículo imprescindible que deberían leer las izquierdas de este país, enrocadas en ignorar la lucha feminista contra las politicas de autentificación de género. Gracias otra vez, Nuria!

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