Sobre la «gestación solidaria», A LAS CUBANAS Y CUBANOS.

A LAS CUBANAS Y CUBANOS.

Escribo estás líneas desde el respeto y la admiración que le profeso a la

República y las gentes de Cuba por la revolución que mantienen en pie y en

marcha ante los envites imperiales.

Tras el hito democrático y revolucionario que supuso la aprobación de la

nueva Constitución, Cuba desarrolla ahora, como todos sabrán, el proyecto del

Código de las Familias.

Supe del proyecto en la versión 22. Sus artículos del 279 al 283 llamaron

poderosamente mi atención hasta el punto de disponerme a escribir al MININT.

Tras pensarlo un poco me pareció pretencioso por mi parte y desistí.

En redes sociales seguí y participé en conversaciones y debates sobre el

código. Las actitudes de muchos de los críticos con el código traslucían

claramente la intención de atacar a Cuba y a su revolución, como único objetivo.

Estos ataques, muchos de ellos provenientes de fanáticos religiosos y/o

contrarrevolucionarios, pusieron a la defensiva a otros tantos revolucionarios que

discutían por redes sociales. Ese posicionamiento a la defensiva, junto al tono

beligerante general de las redes sociales generaron, en mi opinión, un ruido que

ahogó el debate y las críticas, que trataban de ser constructivas, con respecto

a la gestación solidaria. Pero aún quedaban muchos pasos a dar, muchos

debates a llevar a cabo antes de la aprobación del código.

Han pasado unos meses y la versión 24 está redactada. Los artículos 128 a 131 de los que

consta el Título IV, Capítulo IV, Sección 4° hablan de la gestación solidaria. Para mi

sorpresa, no he observado grandes controversias al respecto ni grandes

cambios comparando con la versión 22. Las críticas y debates se han centrado en otros temas,

como el matrimonio igualitario, y las entrevistas de representantes institucionales

que he leído, si nombraban la gestación solidaria era simplemente dentro de una

eunmeración de aspectos que se incluyen en el Código de las Familias.

Por ello me he animado a realizar una crítica, que aspira a ser constructiva,

de los citados artículos con el objetivo de ahondar en el debate ideológico y

mostrar las dudas que me suscitan la redacción de algunos fragmentos, así

como argumentar el porqué creo que es un error aprobar la sección cuarta que

trata de la gestación solidaria.

No es un ataque al Código de las Familias, es una crítica a la gestación

solidaria.

Empezaré diciendo que entregar o prestar tu cuerpo y condicionar tu vida

durante 9 meses para gestar una nueva vida para otros es un acto que no tiene

parangón en nuestra sociedad. Entraría dentro de lo que definimos como

gestación subrogada. En este caso bajo el nombre de gestación solidaria.

Apunto aquí que cuando hablo de «gestantes» y no de «madres», lo hago por el

simple motivo de una mejor comprensión y no dar lugar a confusiones.

El artículo 128 comienza así:

“128. Alcance.

1. La gestación solidaria tiene lugar cuando una mujer distinta de quien

quiere asumir la maternidad, gesta en su útero por motivos altruistas o

ajenos a cualquier retribución monetaria o mercantil, a la hija o el hijo de

quien o quienes quieren asumir la maternidad o la paternidad.”

Y esto es lo que dice el punto 3:

“3. Se prohíbe cualquier tipo de remuneración o dádiva, quedando a salvo

la obligación legal de dar alimentos en favor del concebido y la

compensación de los gastos que se generen por el embarazo y el parto.”

La compensación, aunque sea de poca entidad, de esos “gastos que se

generan”, pueden ser considerados como una retribución o, al menos, poder

enmascarar cierta mercantilización.

El artículo 129 en su punto 3 dice:

“Para otorgarse la autorización judicial deben tenerse en cuenta, además, los

aspectos siguientes:

a)Si se ha agotado o ha fracasado el uso de otra técnica de reproducción

asistida”

Se da a entender, engañosamente a mi parecer, que la gestación solidaria

es una técnica de reproducción asistida cuando, si lo es, es una técnica jurídica

que depende de la aprobación de la ley para poder ser considerada «técnica de

reproducción asistida» y por supuesto no es equiparable a técnicas «médicas»

como la inseminación artificial o la fecundación in vitro.

De hecho, no es hasta la aparición de la inseminación artificial a finales de

los 70 que surge la idea de subrogar la gestación. El abogado Noel Keane fue

uno de los pioneros en pasar de la idea a la práctica abriendo clínicas para la

subrogación en las que explotaban la capacidad reproductiva de aquellas

mujeres a cambio de dinero. Antes de eso ninguna mujer se planteaba gestar

para otros. O, dicho de otra forma, no se le ocurría pensar que el bebé que

naciese de su embarazo no fuese su hijo.

En 1986, el mismo Noel Keane llego a un acuerdo con la señora Whitehead

y el matrimonio Stern en un caso que adquirió cierta relevancia mediática.

Whitehead fue inseminada artificialmente con el semen del señor Stern. Dio a

luz en 1986 y entrego el bebé. Un día después se arrepintió y quiso recuperarlo.

En 1987 los juzgados dieron validez al acuerdo de subrogación concediendo la

custodia a los Stern. Un año después, en 1988, la corte Suprema de new Jersey

revoca la validez del acuerdo. Pero los Stern conservaron la custodia puesto

que la corte lo considero lo mejor para el bebé, concediéndole a Whitehead un

régimen de visitas. Ese mismo año el estado de Michigan aprobó una ley que

prohibía completamente la gestación subrogada. Este y otros casos similares

han tenido su influencia en la aprobación de normas sobre gestación subrogada,

como en Portugal y su gestación altruista, donde la gestante tiene un tiempo en

el que puede arrepentirse y quedarse con el bebé.

Estoy en contra de la gestación subrogada en cualquiera de sus formas,

incluso la altruista o la solidaria, pero si pensáramos solo en los derechos de las

gestantes la implementación de esta norma (la posibilidad de arrepentirse) me

parecería totalmente necesaria.

En el mismo artículo 129, como otro aspecto a tener en cuenta para otorgar

la autorización judicial, dice:

“c) el pleno discernimiento, la buena salud física, psíquica y edad de la futura

gestante para llevar a término con éxito el embarazo.”

Echo en falta en este apartado prestarle atención a que la gestante tome la

decisión libremente. Ya que, precisamente, el entorno familiar y de amistades

es donde es más plausible una situación, sino ya de coacciones, sí de

condicionamiento. El pleno discernimiento no conlleva la realización de la práctica de

manera libre por parte de la gestante.

Continúa el artículo 129, como otro aspecto a tener en cuenta para otorgar la

autorización judicial, dice:

«d) que la futura gestante no se haya sometido a un proceso de gestación

solidaria anterior.»

No entiendo el porqué de esta limitación. A no ser que se alberguen dudas respecto a

las motivaciones solidarias del acto de gestación. ¿Acaso no es posible ser solidaria dos veces?

Pese a ser contrario a la gestación solidaria, si sólo se plantease la cuestión pensando

en los derechos de las gestantes, sí que me parecería importante añadir la condición

de que ya hubiesen sido madres. Dar a luz es un hecho único en la vida.

Ninguna mujer puede prever sus emociones al quedar embarazada, pero, en el caso de

la gestación solidaria, debe renunciar de facto al derecho al aborto que recoge

este mismo código para cualquier otra mujer.

Sigo. El artículo 128, en su punto 2, dice:

“2. La gestación solidaria procede entre personas unidas por vínculos

familiares o afectivamente cercanos, en beneficio de mujeres con alguna

patología médica que les impida la gestación, de personas estériles, de

hombres solos o parejas de hombres, siempre que no se ponga en peligro la

salud de quienes intervienen en el proceder médico.”

El mensaje que transmite este punto puede resultar equívoco. Podría extraerse la idea

de que la solidaridad solo procede con familiares y amigos. Y no solo eso, así

redactada, puede hacer que alguna mujer llega a sentirse incluso obligada

moralmente a ser solidaria con ese familiar o amiga que no puede procrear pese

a desearlo. Familiar o amigo que también estará condicionado por la existencia

de dicho código, pudiendo llegar a manipular y presionar, por ejemplo, a una

hermana menor, acusándola de no ser solidaria, para conseguir su deseo de ser

padre.

Recordemos, el artículo 129.3 dice:

a) Si se ha agotado o ha fracasado el uso de otra técnica de reproducción asistida.»

Me pregunto qué tipo de técnicas de reproducción asistida podrían agotar o haber fracasado

en su uso, «hombres solos o parejas de hombres». Esto me lleva a pensar que la

adopción es la única manera, además de la gestación solidaria, para que hombres

solos o parejas de hombres tengan la filiación de menores. Y uno de los

argumentos que se me ha dado para defender la gestación solidaria ha sido que los

trámites para la adopción son complicados y que muchas veces las personas que

desean la adopción son consideradas «no aptas». Si no son considerados aptos para

adoptar, no entiendo como podemos considerarlos aptos para la

gestación solidaria.

Estas son las dudas que me genera la redacción del código en su sección

de gestación solidaria. Pero la razón fundamental de mi rechazo a cualquier

forma de gestación subrogada es la deshumanización inherente a todo el proceso.

Por una parte, la deshumanización a la que se ve expuesto el bebé al ser separado

de su mamá, de la que no podrá mamar, como mamífero

que es, ni recibir el calostro, tan importante para los neonatos en sus primeros

días de vida. No solo es el calostro, sino que además la OMS recomienda

amamantar hasta los 6 meses y desde entonces la introducción de alimentos

apropiados para la edad y seguros y también debería mantenerse la lactancia

materna hasta los 24 meses.

En el artículo 129, punto 3, apartado b), puede leerse:

“b) si se ha tenido en cuenta el interés superior de la niña o el niño que pueda

nacer”

Según mi perspectiva, ese interés superior del niño, el ser

amamantado hasta los 24 meses (mínimo hasta los 6 meses), por lo que la mera idea de

separar al bebé de quién lo ha gestado es deshumanizante y contrario al propio

artículo 129.3.b).

Me resulta curioso poner esto ante el espejo de nuestro comportamiento con

los animales de compañía, a los que sí que mercantilizamos, pero no los

destetamos ni separamos de la madre hasta pasado un tiempo.

El término “deshumanizante” puede parecer exagerado, pero quiero hacer

aquí un ejercicio de imaginación. Si el desarrollo de la ciencia y la tecnología

hicieran realizable la gestación extracorpórea, siguiendo la lógica implícita en

esta Sección Cuarta, la simple voluntad de ciudadanos que quisieran ser padres

y no pudieran, avalaría la producción (ya no sería reproducción) de un bebé para

que fuese su hijo. Si no consideramos que negar el derecho a mamar de un

neonato sea algo inhabilitante para la gestación solidaria, ¿por qué debería serlo

carecer de madre? Y, sin embargo, el primer bebé que “naciera” siendo gestado

extra corporalmente sería el primero en el mundo en no tener madre y

en no ser resultado de un proceso reproductivo, sino que sería un ser producido.

La deshumanización, en este caso, me parece evidente.

Como deshumanizante es la cosificación, a la que esta práctica somete a las personas

recién nacidas. No son nuestras propiedades. No son cosas que podamos regalar.

Por su parte, la gestante tiene que trabajar un desapego, totalmente antinatural, que

en ningún caso es recomendable para el desarrollo del bebé ni para la salud

mental de la gestante.

Para Cuba, como vanguardia revolucionaria y faro ideológico que es para comunistas

y socialistas a lo largo y ancho del mundo, no creo que sea acertado enviar el

mensaje al mundo de que la revolución secunda prácticas deshumanizantes, como

la gestación subrogada, que en el sistema capitalista se convierten indefectiblemente

en explotación reproductiva de mujeres pobres y compra-venta de seres humanos

recién nacidos. En el peor de los casos, agravado actualmente por la situación en

el país, podemos ver las situaciones dantescas que nos deja esta práctica en Ucrania.

En el mejor, tenemos a Portugal con su gestación altruista. Pues bien, este mismo

31 de marzo de 2022, podíamos leer la noticia de que una joven ucraniana con contrato

de gestación subrogada había dado a luz en el hospital Sao Joao de Oporto y, a pesar

de que el contrato no es válido en Portugal, Asuntos Exteriores ya estudia crear

un régimen de excepción. En un modelo teóricamente altruista, con menos de

cinco años de vida y una cantidad ridícula de personas que cumplen los

trámites previos, ya se están creando excepciones.

Para finalizar, comentaré lo que creo que es la raíz conceptual, con la que

discrepo, de que siquiera esta Sección Cuarta se llegue a plantear. El artículo

130 dice:

“Artículo 130. Determinación.

La filiación (…) se determina por la voluntad de procrear de la o

las personas comitentes.”

Esa “voluntad de procrear” no es sino el deseo particular de unos ciudadanos

que, precisamente, no pueden procrear para que la sociedad (las instituciones)

les provea de los mecanismos legales para poseer la filiación de un bebé (ser

sus padres en términos legales). Pareciera que estamos convirtiendo deseos de

ciudadanos particulares, en derechos que el Estado tenga que garantizar. Si

para satisfacer derechos individuales es necesaria la participación de terceras

personas, no pueden ser considerados derechos. Ser padre no es un derecho,

es una posibilidad.

Esta cuestión se une a las connotaciones positivas con las que se reviste

para la mayoría, el término «inclusivo». Cuba ha recibido infinidad de críticas

tildando a la Revolución de homófoba. Esas críticas, no siempre

infundadas, han generado una voluntad de mejora en esos aspectos,

incluyendo una visión inclusiva del colectivo homosexual, que salta a la vista

en este Código de las Familias. Pero la consideración de lo inclusivo como algo positivo

per se nos puede llevar a tomar decisiones erróneas. El pasado 5 de abril la camarada

Karima Oliva, en su artículo «Mas sectarios que Dios» comenta: «La construcción de la

diversidad en el socialismo significa su reinvención y siempre supondrá, para que pueda

ser efectivas, la exclusión de quienes deseen reinstaurar un orden injusto».

En la misma línea, deberíamos tener en cuenta que hay ciertas ideas liberales que

pueden ser grietas ideológicas a través de las cuales se intenten socavar los

avances sociales de la revolución. La gestación subrogada o la gestación

solidaria, así nombrada en este Código de las Familias es, en mi opinión, una de esas

ideas liberales que abren la puerta a lo contrarrevolucionario en nombre de la

inclusión y que, por ello, deben ser excluidas de cualquier legislación revolucionaria.

Estos son mis motivos para considerar que es un error incluir la gestación solidaria

en el Código de las Familias.

Gracias si has llegado hasta aquí e independientemente de que estemos de

acuerdo o no…

¡Hasta la victoria siempre!

¡Patria o muerte!

¡Venceremos!

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