Ventana de Overton. Sobre la Ley Trans. Cómo imponer leyes perjudiciales usando ingeniería social.

Las feministas llevamos, desde hace años, denunciando que se está intentando legislar en contra de las mujeres.
Puede parecer algo increíble, dado que la cuestión de la mujer y sus derechos está en el punto de mira de todo el mundo, bien para atraer electorado, bien para aparentar progresismo y modernidad ¿Cómo es posible, entonces, que se estén colando propuestas que, pese a ser claramente negativas para las mujeres, se perciban como una mejora?

La ingeniería social es el acto de manipular a una persona a través de técnicas psicológicas y habilidades sociales para cumplir metas específicas. Hay quien puede pensar que no es mala per sé: gracias a ella se pueden impulsar y hacer cambios sociales. Pero no perdamos de vista que es una manipulación y que no siempre dichas metas son nobles.

¡Para! ¿cómo vamos a aceptar una meta que sea nociva? Nos daríamos cuenta ¿seguro? Veamos como algunas de estas técnicas y manipulaciones se están efectuando con la ley Trans y por qué.

LA VENTANA DE OVERTON O CÓMO LEGALIZAR CUALQUIER COSA POR ILÓGICA QUE SEA

La ventana de Overton está pensada para que la sociedad acepte un cambio sin darse cuenta del proceso. Consiste en una serie de pasos enfocados en conseguir un objetivo. Para que funcione, es necesario que estos pasos sean sistemáticos y coherentes.
Para ver cómo el sistema nos lleva a defender que el cambio de sexo es algo posible y que es necesario legislar, voy a ir ilustrando los pasos hasta llegar a la actual situación con la ley trans.

Empecemos con el contexto aquí en España. En los años 70 y 80 y se lograron muchos logros en cuanto a feminismo se refiere. Se nos otorgó derecho a firma (con todo lo que conllevó), derecho a gestionar nuestro propio dinero y posesiones, se aprobaron leyes como la ley del divorcio o del aborto… el feminismo estaba de subida y cada vez más mujeres se añadían a esa causa que perjudicaba al sistema.

PASO 1. DE LO IMPENSABLE A LO EXTREMO.
En aquella época, afirmar que un hombre podía ser una mujer y viceversa era impensable. Es más, afirmar en los 80, cuando apareció el “no hay cosas de niño o de niña” y se inició una campaña que empezó a través del juego infantil y
juguetes, se hubiese considerado una barbaridad sexista afirmar que alguien no pertenecía al sexo con el que había nacido por gustarle la estética o las normas sociales que se imponían al sexo contrario.
¿Qué pasó? Que mientras se dieron difusión a esas ideas también comenzaron a
aparecer personajes como Carla Antonelli o Bibi Andersen (los cito por ser conocidos). También se comenzó a dar difusión al neurosexismo. No defendiendo que existían cerebros rosas y azules, por supuesto, entonces no hubiese calado, pero sí apelando a que mujeres y hombres “procesábamos” la información de forma diferente. No en vano este primer paso se ampara siempre en la libertad de expresión y se envuelve en ciencia. La ciencia es la excusa para hablar de cualquier tema, así sea este repulsivo o irracional. Bajo el paraguas de la ciencia todo es debatible y cuestionable.

PASO 2. DE LO EXTREMO A LO TOLERABLE.
En esta etapa es imprescindible mover el tema científico. Es la excusa perfecta para tachar de intolerante a quien señala lo evidente. Bibi o Carla tienen razón y hay estudios que lo avalan. Es más, se comienza a
utilizar el término transexual para sustituir lo que había sido el travesti de toda la vida (un hombre que está más cómodo con la estética de una mujer). Comienzan a salir neologismos tipo transgénero o infancias trans ¿qué pasa con los niños? ¿qué pasa con aquellos que no pueden/no quieren modificar su aspecto e igualmente se sienten mujeres?
También se apela a la historia, a la cultura y a la mitología para convencer de que es algo que ha existido desde siempre. Puede ser tan burdo como que una cazadora prehistórica en realidad era un
hombre trans porque las mujeres se dedicaban a la crianza, por poner un ejemplo que, además, el sistema ha potenciado, no sea que pensemos que las mujeres hacen las mismas e idénticas cosas que los hombres como el procurarnos qué comer. Se nos pone como ejemplo de transexualidad y transgenerismo a personas pertenecientes a otras culturas donde sus condiciones forzadas y formas de vida nada tienen que ver con lo que se reclama.

PASO 3. DE LO TOLERABLE A LO LÓGICO.
Aquí comienza la justificación y promover de forma masiva el porqué alguien que es hombre, puede ser mujer. Es importante destacar que es una necesidad, que la ciencia lo explica y la historia lo avala. Aquí es donde entra en juego la prensa,
que se encargará de dar voz a quienes promuevan esta idea. Ella será la que envuelva en la capa de normalidad a estas ideas publicándolas como ciertas. Para ello usará “voces expertas” y “periodistas de prestigio”. Tirando de hemeroteca podemos encontrar a Carla afirmando en la portada de una revista de prestigio que la mejor mujer es un varón o a Bibi recorriendo todos los platós explicando por qué es una mujer pese a haber nacido como hombre. Es la época en la que empiezan a aparecer de forma asidua en televisión personas como Cristina la Veneno o Carmen de Mairena. Da igual la motivación o ideas del personaje: lo importante es mostrar que existen hombres que parecen y/o se consideran mujeres. También se resalta que se hacen necesarias cubrir hormonación y amputación de partes sanas del cuerpo para que personas como ellas puedan ser quienes quieren ser.
Durante esta etapa también se comienza a señalar como enemigo radical cualquier voz que cuestione la información que se está difundiendo. Se presenta a quien refuta estas ideas como psicópata, persona peligrosa que busca a agredir al diferente e
intolerante con otras minorías, aunque no formen parte del debate. Este ataque no irá dirigido contra voces expertas (que también), sino contra la gente de a pie con el objetivo de que se tenga miedo a expresar una opinión real. Para ello se hacen campañas de desprestigio, se ataca el medio de vida del supuesto intolerante y se atacan sus intereses personales; es un aviso a navegantes, si estás contra nosotros, estás condenado al ostracismo.
También se produce una “invasión” dentro de los movimientos políticos y activistas que cuestionen dichas ideas.
El objetivo es, ni más ni menos, acallar las voces que señalan la verdad amparándose en la complejidad del tema, proponiendo posponer el debate y/o expulsando de dichos movimientos a aquellas que señalan lo que está ocurriendo.

PASO 4. DE LO LÓGICO A LO POPULAR.
Aquí nos encontramos que los medios de comunicación, personajes públicos (influencers, tertulianos…) y políticos ya hablan abiertamente de la transexualidad y el transgenerismo. También empiezan a aparecer en películas, canciones, vídeos,
redes sociales, actos políticos… se les incluye en agendas públicas y políticas.
Se comienza a publicitar la transexualidad/transgenerismo de personajes históricos. Para justificarlo se apela a los roles machistas diciendo que quien hace algo de hombres es hombre y quién hace
cosas de mujeres es mujer. Se tergiversa y manipula la historia o se eliminan personajes contrarios a lo que se predica si es necesario (ved sino qué se difunde actualmente respecto a las revueltas de Stonewall).
Ya no es necesario seguir tirando de Bibi o Carla, aunque a este
último se lo introducirá en la política para reforzar la idea de que existe un problema que es necesario solucionar y, por ello, es importante darle voz y poder.

PASO 5. DE LO POPULAR A LEGISLAR.
Llegados a este punto, ya solo queda preparar una normativa que legalice que un hombre es mujer si así lo afirma. Se publican encuestas que supuestamente confirman un amplio porcentaje de personas que apoyan la nueva legislación. En el imaginario
popular, una mujer trans es una mujer. A qué se refiera ese término “trans” es lo de menos. Nadie se atreve a cuestionarlo bajo la amenaza de ser tachado de intolerante, retrógrado o facha.
Las nuevas leyes, por supuesto, se encargarán de mantener callado y castigado a quién
defienda que se está legislando un sin sentido ¿para qué creéis que sirven los delitos de odio o la nueva ley de libertad de expresión que se está redactando?

El sistema social en el que vivimos inmersos, donde prima el individuo por encima del grupo, permite que la ventana de Overton funcione, y muy bien, por cierto. A fin de cuentas, el liberalismo imperante aísla a la persona de tal forma que facilita la desinformación y el desconocimiento. Recordemos que el discurso que se pretende implantar ha de ser coherente, tiene que tener sentido aunque el punto de partida no lo tenga. Y tiene que ser continuado y constante ¿Cómo se consigue?

EL VALOR DE LAS PALABRAS.
El lenguaje es algo fundamental. Gracias a él exponemos inquietudes, sensaciones, emociones, necesidades… y nos permite manipular.
La ventana de Overton utiliza, y mucho, el lenguaje. Lo inventa, lo retuerce, lo resignifica… lo que sea necesario para presentar algo aberrante como algo normal y desautorizar a quién señale dicha manipulación.
En realidad, lo que llamamos neolenguaje, no es más que una colección de eufemismos para camuflar lo
que se pretende implantar. Si a todos nos cuentan que se pretende legalizar el poder comprar o vender recién nacidos, nos echaríamos las manos a la cabeza, sin embargo si hablamos de legalizar la gestación subrogada, permitimos el debate. Cierto es que se inventarán palabras: hay que recordar que es necesario presentar el discurso bajo la óptica de la ciencia para teñirlo de veracidad, y tenemos que presentarlo como algo novedoso donde es necesaria la voz experta para poder tener una opinión. Estas nuevas palabras no tienen más misión que crear un nuevo vocabulario destinado a generar confusión y callar bajo el manto del “tú no sabes, tú no entiendes”.
También entra en juego la resignificación. Esto es importante porque es, precisamente, lo que va a favorecer la intrusión y apropiación de los grupos existentes que se pretenden
acallar y desarticular. Así pues, podemos ver, volviendo a la ley Trans, como el término mujer deja de ser sinónimo de hembra humana adulta para pasar a ser aquella persona que asume una identidad basada en estereotipos estéticos sexistas. Otro ejemplo claro lo tenemos con el término “feminismo”, donde se usa la resignificación de la palabra “mujer” para cambiar el sujeto político y, así, poder modificar y/o desactivar su agenda. Gracias a ello, pasan a considerarse feministas posturas que claramente no lo son.

UNA MENTIRA REPETIDA MIL VECES.
Goebbels lo tenía claro: una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Como ministro de Educación Popular y Propaganda, no dudó en censurar a quienes estuvieran fuera de su control, y para aprovechar todo el aparato mediático del
estado, estableció un sistema de consignas para ser difundido mediante el control de radio, prensa, cine, literatura y teatro.
En la actualidad, dichos principios siguen vigentes. La propaganda se considera un medio eficaz para dar a conocer y difundir ideas y la ventana de
Overton hace uso de los principios de Goebbels para establecer una difusión sistemática y quitar voz a quién se opone a dichas ideas.

Principio 1: Principio de simplificación y del enemigo único.
Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
Básicamente consiste en enfocar toda la información a divulgar en la solución de un único problema. Toda, aunque toque
temáticas distintas, tiene que tener el mismo fin. Esto sirve para que las personas a las que se dirige el despliegue de información y datos no pierda de vista el objetivo.
Por ejemplo, tenemos cantidad de estudios, noticias y escritos hablando sobre la situación de transexuales,
otros sobre el transgenerismo, también sobre los no binario, intersexuales… todo al final lleva al mismo punto: las personas trans tienen un grave problema social. El hecho de que estos colectivos, unificados bajo el término “trans” a secas, presenten problemáticas distintas que requieren soluciones específicas se pasa por alto, precisamente, para ofrecer una única solución.

Principio 2: Principio del método de contagio.
Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
Siempre que se difunde información debe ir destinada a solucionar el problema y, por ello, a acabar con el
enemigo común, aunque el receptor de dicha información desconozca quién es el enemigo.
¿Os suenan las terf? Las terf (trans-exclusionary radical feminist) son el enemigo común a batir. Cualquier persona que se oponga a la ley trans será catalogada de ello, al margen de que sea
feminista o no, independientemente de que lo que diga sea cierto o no. El neologismo (se ha de vender que es un colectivo nuevo creado para atacar a los beneficiarios de dicha ley), implica una despersonalización brutal del enemigo, en este caso, de las feministas, precisamente para facilitar el ataque y el desprestigio. Así es como nos encontramos con personas que rechazan leer o escuchar a alguien por ser terf (independientemente de que esté diciendo una verdad como un templo o esté hablando de cualquier otro tema).
Dicha despersonalización permite
ataques tan directos como la incitación a la violencia de forma totalmente impune. Es la razón por la que podemos encontrar a transfemeninos con camisetas con el lema ‘kill the terf’, fotografiándose con bates con la palabra ‘dialogo’ escrita refiriéndose a la posibilidad de debatir con una feminista o tweets de políticos con insultos directos hacia ese colectivo (sí, volvemos a rescatar a Carla).
Un ejemplo claro lo tenemos cuando muere un transfemenino a manos de algún desalmado. Aunque la culpa sea de un hombre, un rápido vistazo por las redes
sociales bastará para ver que un grueso del colectivo culpa a las malvadas “terf”, ya que, según ellos, al oponernos a la ley lanzamos un mensaje de odio que incita a matar. Absurdo ¿verdad? Pero efectivo. Y mucho.

Principio 3. Principio de la transposición.
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
Uno de los principales problemas que presenta la ley Trans es que
se carga todas las políticas y leyes basadas en el sexo. Por ejemplo, la ley de paridad deja de tener sentido y deja de poder aplicarse, ya que cualquiera puede ser hombre o mujer. Es necesario entender que el objetivo de la ley de paridad es que las mujeres tengan representación en los puestos de poder. El hecho de que un señor, autoidentificado como mujer (recordemos que únicamente es necesario que él se considere mujer para modificar su sexo registral) y sin necesidad de modificar ni un ápice su apariencia, pueda ocupar uno de estos puestos “reservados”, desmonta la razón de ser de dicha ley: visibilizar y normalizar a la mujer en puestos reservados hasta ahora para los hombres.
El contraataque es sencillo: una mujer trans es mujer, por lo tanto tiene derecho a dicha cuota. Es más, incluso se argumenta la necesidad
de que una persona trans es más merecedora de dichas cuotas inventando estadísticas o usando otras que no aplican en nuestro entorno. De todas y todos es conocido el famoso 82% de paro por parte de este colectivo o la estadística de tener una esperanza de vida de 35 años, cosa que en nuestro país es totalmente falsa.
También tenemos otro ejemplo clarísimo con el tema de las “infancias trans”. El feminismo ya ha señalado numerosas veces que las llamadas infancias trans no son más que sexismo puro y duro: terapias de conversión para criaturas que no
asumen los roles sexistas impuestos. La contraargumentación ofrecida es que querer tratar a alguien que presenta malestar con su propio cuerpo sí es una terapia de conversión. Así pues, nos encontramos que pretender tratar un malestar psicológico con el objetivo de no convertir piensan que pueden ser homosexuales.

Principio 4. Principio de la exageración y desfiguración.
Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
Cualquier mujer, a lo largo de su vida, recibirá cartas o e-mails encabezados con un “estimado/apreciado señor”, según que profesión tenga ésta, será nombrada en masculino (ingeniero, fiscal, juez, músico…) ¿es molesto? Por supuesto que sí. Sin embargo, para el colectivo trans esto se considera violencia y un atentado contra su propia dignidad. Da igual que el sujeto en cuestión sea un hombre, con sus atributos de hombre, estereotipos sexistas de hombre y aspecto de hombre: es violencia y punto. Incluso existe un término creado para ello: missgender. Según defienden, puede ser incluso una inducción al suicidio. Es una absurdez como un piano. Si el missgender fuese realmente motivo de suicidio tendríamos a hordas de mujeres suicidadas porque el sistema se niega a proporcionar un trato en femenino, más teniendo en cuenta que incluso se nos invisibiliza tanto histórica como lingüísticamente. Sin embargo, es uno de los mayores pecados existentes dentro del colectivo trans.
En realidad, no es más que un chantaje en toda regla: o niegas la realidad o eres violenta. Se exagera el impacto que puede causar en alguien el que le traten con el género gramatical que en realidad le corresponde y se desfigura el concepto
de violencia para manipular.
Otro ejemplo muy habitual son las reacciones que provocan que una madre/padre pida ayuda cuando una de sus criaturas se declara trans y tiene dudas sobre animarle a seguir con ello o donde puede buscar ayuda psicológica. Nos encontraremos con demandas
de retirada de custodia por maltrato, cuando el verdadero maltrato es convertir un cuerpo sano en uno mutilado y medicalizado de por vida, acusaciones de exponer a un menor (por lo visto, sacar delante de un parlamento autonómico y por todos los medios audiovisuales a una criatura de siete años no lo es) y acusaciones de querer llevar a la criatura en cuestión a terapia de conversión, cuando no hay mayor terapia de conversión que querer cambiar el sexo de la criatura para heterosexualizarla (si te sientes atraído por tu mismo sexo es que debes ser del sexo contrario del que eres). Una locura cuando una se para a pensarlo pero que se consiente, ya que nadie quiere ser acusado de intolerante.

Principio 5. Principio de la vulgarización.
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las
masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
Este es, quizás, el más fácil de identificar. La estrategia es clara: lanzar una serie de consignas, fáciles de recordar, mostrándolas como verdades universales. No se busca el debate o el
convencer, sino que el mensaje cale sin que se cuestione.
Ante un tema tan complejo como lo es la ley Trans, lo que se pretende es establecer una serie de falsas verdades de forma que la gente las acepte sin cuestionar las implicaciones que hay detrás.
Hay muchos ejemplos. Uno ampliamente conocido es “las mujeres trans son mujeres”, otro “los derechos trans son derechos humanos”. Ambos, si nos paramos a analizarlos, son fácilmente desmontables. Si una mujer trans es una mujer, entonces ¿para qué es necesaria la transición? Si los derechos humanos son los que nos afectan a todas y todos ¿por qué una serie de derechos exclusivos para un colectivo son universales?
Bajo el paraguas de la complejidad, se brindan “píldoras” que sintetizan lo que se quiere defender: el tema es demasiado complicado para ti,
quédate con la frase que lo explica bien. Recordemos que para la divulgación de conceptos e ideas, la ventana de Overton usará a voces “expertas” y personas “de prestigio” para dar difusión. Si un experto te dice que eso es cierto ¿quién eres tú, pobre individuo que no conoce a fondo el tema, para cuestionar dichas afirmaciones?

Principio 6. Principio de orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
Hace unos años (y no muchos) el fenómeno trans era algo desconocido y anecdótico. Se sabía de la existencia de personas transexuales
(recordemos a Bibi o Carla), travestis, drags y poco más. En la actualidad, todo el mundo sabe más o menos sobre el colectivo trans. Aparecen en televisión, prensa, series, películas, debates, asambleas… la información que recibimos sobre ellos y sus reivindicaciones es abrumadora. En aras a la propaganda, se alteran biografías, se repiten mil veces consigas confusas y falsas, y se falsea la historia hasta el punto de que cualquier logro, por insignificante que sea, que hubiese conseguido una mujer es porque era un hombre trans. El objetivo de este principio no es aportar o difundir información. Recordemos que al sistema no le interesa que pensemos, sino que creamos ciegamente. Cual religión moderna, se dedica una y otra vez a mostrar y repetir de forma constante lo mismo para que el individuo acabe aceptando como realidad algo que no lo es. Se apela a estadísticas y datos falsos y/o manipulados, se muestran como verdaderas historias biográficas que nada tienen que ver con la vida real del personaje que sólo buscan remover emociones, se reescribe la historia y se reinterpretan culturas. Cualquier cosa vale para converger en el mismo punto: el colectivo trans es el más oprimido y discriminado que existe y por ello es necesario la ley, para dotarlo de derechos.
Pero ¿qué opresión o discriminación sufre un señor blanco, que ha desarrollado
toda su vida laboral como hombre, si a los cincuenta años decide que se siente mujer y no desea modificar su aspecto? La sociedad seguirá viéndolo como lo que es: un hombre cincuentón ¿entonces? ¿qué supuesta opresión o discriminación sufre? ¿qué legislación específica necesita para ver reconocidos sus derechos, puesto que el sistema no sólo no lo oprime o discrimina sino que le proporciona privilegios por su sexo?

Principio 7. Principio de renovación.
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de
acusaciones.
¿A que no habéis visto jamás un manifiesto por parte del transactivismo? Ni lo veréis nunca. Emitir un comunicado con todos los postulados que se defienden permite analizarlo con detenimiento y contraargumentarlo. No interesa cuando lo que se busca es que la gente
acepte una idea sin más.
Estamos más que acostumbradas a un continuo desbarre por parte del transactivismo. Tan continuo que cuando aún se está hablando de por qué algo es una incoherencia, ya ha aparecido otra. Y así ad infinitum. No es más que una táctica para que el mensaje
perdure sin oposición. No da tiempo a contraargumentar y demostrar por qué dicho mensaje es un despropósito.
Se empieza lanzando el mensaje de que una mujer trans es una mujer. Cuando se está hablando de por qué una mujer trans no es una mujer, aparecen los trans lesbianos
(hombres heterosexuales que se autoidentifican como mujer). Mientras se intenta explicar por qué un hombre no puede ser lesbiana aparece el “techo de algodón”… y suma y sigue.
El objetivo, en realidad, es que las voces discordantes no puedan elaborar una contraargumentación.
Recordemos que, para que el mensaje cale, tiene que parecer coherente. Permitir que el contrario señale los fallos argumentales desmontaría dicha coherencia. Si al intentar desmontar “el techo de algodón” se nos acusa de transfobia, automáticamente dejaremos de hablar del supuesto techo para defender por qué la acusación de transfobia ahí no aplica y el sistema consigue lo que quiere: que no se señale que defender la existencia del techo de algodón no es más que homofobia camuflada.

Principio 8. Principio de la verosimilitud.
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
Recordemos que la ventana de Overton se ampara en la ciencia para poder abrir el debate sobre cualquier tema. La difusión
de estudios sesgados o refutados es de vital importancia para dar un barniz de veracidad a las argumentaciones, por absurdas que sean.
Así es como nos encontramos con artículos que defienden el neurosexismo, artículos que avalan que la esperanza de vida de una persona trans es
de 35 años, estudios que confirman que la tasa de desempleo en la comunidad trans es del 82% (la realidad es que en España ronda el 13%) y un largo etc.
Lo que se pretende es construir un discurso coherente que justifique la necesidad social de elaborar dichas leyes. El hecho de
que numerosos estudios, estadísticas y la propia ciencia avalen dichas afirmaciones facilitan que el ciudadano de a pie las acepte sin cuestionarlas.
Igual que el ciudadano de a pie no cuestionará que un astrónomo haya descubierto un nuevo sistema solar, tampoco cuestionará que
un neurólogo presente un estudio sobre el cerebro avalando que existen cerebros de hombre y cerebros de mujer. Presuponemos que la información que se difunde es veraz y está contrastada, obviando que el sistema, en realidad, difunde y promulga aquello que le interesa, aunque sea falso. Aceptamos a pies juntillas todo aquello que se nos presenta envuelto como ciencia, antropología o sociología sin pararnos a pensar: si lo dice un experto, entonces es cierto. Y el sistema se aprovecha de ello para manipular.

Principio 9. Principio de la silenciación.
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
Poca gente sabe que en países donde las leyes trans
están aprobadas se está dando marcha atrás o se están modificando dichas leyes. También hay pocas personas que hayan oído hablar de las detransicionadoras (son mayoritariamente mujeres). Y prácticamente nadie ha oído hablar, por ejemplo, de Keira Bell: una mujer joven que denunció al sistema sanitario británico por animarle a transicionar a hombre sin haberla tratado psicológicamente antes para su disforia. Keira mutiló su cuerpo y se hormonó porque el sistema sanitario, en vez de tratar su disforia, la animó a transicionar; ganó el caso. El ministerio de Igualdad se ha dedicado a anunciar a bombo y platillo haberse reunido con colectivos feministas para la elaboración del borrador de ley cuando la realidad es que solo se ha reunido con influencers y personajes del colectivo trans, oculta deliberadamente que el feminismo se opone a la autodeterminación de género (no es posible establecer como identidad aquello que es opresión impuesta) y falsea estadísticas para aparentar que la sociedad reclama y necesita dicha ley.
Los medios de comunicación aquí son imprescindibles, puesto que son
los que promocionan y difunden según qué noticias y ocultan otras, difundiendo información falsa y ocultando la que es veraz. Así nos encontramos con que los medios nos presentan a personas transexuales reclamando el derecho de autodeterminación, pero nos ocultan que dicha autodeterminación supone asumir como mujer a un hombre que se encuentra comodísimo con su cuerpo y no tiene ninguna intención ni necesidad de modificarlo. Tampoco nos explican que la ley supondrá que estos señores pueden acabar como “compañera” de celda de una mujer en la cárcel, tendrán derecho a ocupar puestos reservados a mujeres para corregir la desigualdad existente entre sexos, o que cuestionar que accedan a espacios reservados para mujeres y niñas, creados para protegerlas como puede ser un vestuario, será delito.

De esta forma nos encontramos con debates donde se habla de la necesidad de la ley trans en los que no se habla sobre las consecuencias sociales que supondrá. Los participantes son partidarios de la ley, pero no se invita a ninguna voz que se oponga, y en el caso de que sí se haga, se le interrumpe, se le ataca o no se le deja hablar.

Principio 10. Principio de la transfusión.
Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
Podemos definir la tolerancia como el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. Nadie, con dos dedos de frente, debería cuestionar a quién se sale de la norma mientras no
perjudique a los demás. Pero ¿qué pasa cuando dichas ideas sí perjudican a parte de la sociedad o a otros colectivos?
La ley trans perjudica, y muy seriamente, tanto a las mujeres como a la infancia, ya que destruye las leyes en base al sexo para proteger a las mujeres haciendo
de la opresión, identidad y condena a aquellas criaturas que se salen de los roles establecidos a una vida medicalizada en un cuerpo mutilado. Sin embargo, el sistema tiene el escudo perfecto para protegerse: la intolerancia. Se confunde de forma deliberada el estar en contra de la ley con estar contra el colectivo para esgrimir la palabra “intolerancia” y así acallar las voces discordantes. La intolerancia es el prejuicio y complejo de odio que tanto tememos y del cual se aprovecha el poder para imponerse.
El problema que presenta la intolerancia es el
mismo que nos encontramos con los delitos de odio: son subjetivos y, por ello, fácilmente se transforman en mecanismos de censura en contra de la libertad de expresión ¿Quién define qué es intolerante y quién no? ¿Por qué es intolerante decir que la biología es lo que define ser hombre o mujer, y sí es tolerable decir que si te gusta llevar el pelo largo y calzar tacones entonces eres mujer?
Somos presas de lo “políticamente correcto”. Es una mordaza que nos ponemos de forma voluntaria para que no nos tachen de intolerantes, cuando lo cierto es que el
poder, el sistema, se aprovecha de dichos miedos para establecer qué es correcto y qué no. Karl Popper lo definió a la perfección: “no se puede ser tolerante con el intolerante” y tiene más razón que un santo. Nadie tiene derecho a señalar a quién es distinto o decide vivir deforma diferente. El problema viene cuando el entorno es el que establece qué es tolerante y qué no, en función de sus intereses.
El ejemplo más claro lo tenemos con el “no existen las cosas de niña y las cosas de niño”. Ha costado mucho conseguir que la sociedad aceptara que el
sexo no define ni preferencias, ni gustos, ni habilidades o aptitudes. Sin embargo, nos encontramos con una ley que defiende que si te gusta hacer unas determinadas cosas, un estilo de ropa o peinado, etc. eres mujer y si te gustan otras, hombre. Es contradictorio y cualquiera que se pare un minuto a pensar lo verá en seguida. Pero recordemos que los principios de propaganda buscan atiborrarnos de información bajo la voz de expertos que faciliten el tragarnos eslóganes baratos y sin pensar o cuestionarnos nada.

Principio 11. Principio de la unanimidad.
Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.
Hace poco, antes de la aprobación de la tramitación de la ley, el ministerio de Igualdad lanzó un sondeo para conocer el sentir de la población
sobre la misma. El ministerio comunicó que el borrador de ley contaba con un 96% de apoyo entre quienes habían dado su opinión. Visto lo visto, daría la sensación que prácticamente todo el mundo, excepto un puñado de retrógrados, está a favor de dicha ley. La realidad es que poca gente se enteró de dicho sondeo. Y entre los pocos que se enteraron, más del 56% votó en contra. Se dio mucho bombo y platillo a la noticia en la que aparecía una amplia mayoría de apoyo, sin embargo, nada se ha dicho sobre que el ministerio ha mentido sobre el resultado de la citada encuesta (¡como si no fuese grave que un ministerio proporcione información falsa!) y que el sentir general no sólo no está a favor de la ley, sino más bien al contrario. No es raro: recordemos que la manipulación de la información y la connivencia con los medios es parte imprescindible de la ingeniería social.

Una ley que supone una pérdida de derechos para más de la mitad de la población y que atenta contra la salud física y psicológica de la infancia necesita de un apoyo más que amplio para aprobarse sin problemas. Se necesita que quién conoce el tema o está dudoso se deje llevar por la mayoría para no ser la voz discordante: recordemos que se ataca bajo el manto de la intolerancia y que se busca que el personal no piense ni cuestione: si la mayoría cree que está bien es que está bien.

CONCLUSIÓN.
El objetivo que persigue el sistema es fácil de ver si nos paramos a pensar un momento: desarticular los logros legislativos en base al sexo que tanto ha costado conseguir. La ley trans se carga de un plumazo las cuotas de paridad, la ley integral de violencia
machista, los espacios protegidos. Reimplanta los roles sexuales, que tanto ha costado denunciar y que se estaban perdiendo, para hacer de ellos identidad y redefinir qué es ser hombre y qué es ser mujer. Abre las puertas a la experimentación médica con criaturas dejando que sean ellas quienes decidan sobre sus cuerpos sin ser lo suficientemente maduras ni plenamente conscientes para asumir las consecuencias que ello supone. Deja a padres y madres sin capacidad de decisión bajo la amenaza de la pérdida de custodia. Establece una legislación en base a sentimientos en vez de en hechos reales. Y, lo más peligroso: vuelve a establecer mecanismos de censura donde cuestionar algo no demostrable es multable y punible. No en vano el borrador establece como delito de odio cuestionar el sentir de nadie, al margen de lo que imponga la realidad, impidiendo que se pueda perseguir el fraude.
Es significativo que no sólo ningún partido político mayoritario se oponga a dicha ley (¿por primera vez están todos de acuerdo cuando se discuten hasta de qué color es el cielo?) y que el poder, independientemente del color
político, religioso y social, apoye la ley. Sólo esto debería ser una señal para que nos salten todas las alarmas.
Pero como siempre ¿quién le pone el cascabel al gato?

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9 comentarios

  1. He leído dos veces el artículo y es un análisis magnífico de la situación que estamos viviendo. Ciertamente, esta sociedad tan individualista (y egoísta) es el caldo de cultivo perfecto para que proliferan este tipo de ideas sectarios que sólo benefician, como siempre, a la grandes empresas farmacéuticas y, como no, a las estructucturas de poder machistas que se resisten (con bastante éxito) a su desaparición.
    Qué panorama tan triste tenemos por delante.
    Gracias y un abrazo!

    1. Es un artículo estupendo, tan claro y preciso.
      Creo que todavía lo vamos a pasar muy mal unos años, hay demasiada gente con mucho que perder. Pienso en todas esas madres que han «transicionado» a sus criaturas: no pueden parar. Si lo hacen, tienen que reflexionar y reconocer que han mutilado a sus hijos por nada. Tiene que ser muy difícil vivir con eso.
      Por no hablar de las instituciones capturadas por el lobby queer, que son todas. El panorama es en verdad muy triste.
      Un abrazo para ti, Mayte.

  2. Excelente y sencillo análisis de cómo La Manipulación es una realidad y la 3stan utilizando para retroceder en los logros alcanzados por las Mujeres.
    Detrás de esto hay intereses económicos con cuerpos y mentes adictas a hormonas y a cirugías…además de pensamientos rígidos y dogmaticos!
    No al Borrado de las Mujeres que lo son: BioPsicoSocialSexualmente hablando!

    1. La compañera lo ha explicado maravillosamente, y cada vez somos más las que lo vemos. Se les está haciendo más difícil borrarnos, ya no nos callamos.

  3. Se me acaban los calificativos: espléndido, maravilloso, didáctico, impresionante.
    Gracias Nuria, he disfrutado y he aprendido leyendo el texto

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