Ya está bien de ser tan ingenuas.

Me mantuve al margen de la conversación sobre por qué las mujeres que se oponen a que Disney contrate a un hombre para que explique con voz entrecortada por qué le hace tanta ilusión disfrazarse de Minnie Mouse era una señal de alerta y NO «homofobia», porque estoy cansada de explicar que para los hombres que se ponen ropa de mujer -o de niña-, eso no es una inocente diversión.

Los hombres llevan décadas haciendo luz de gas a las mujeres, diciendo que las mujeres que se ponen pantalones es lo mismo que los hombres que se ponen vestidos, pero, por supuesto, esto está muy lejos de la realidad.

La ropa de mujer es ajustada, restrictiva, diseñada para cosificar, sexualizar y hacer más vulnerables a las mujeres. Restringen nuestra respiración y movimiento, se nos hace difícil luchar o correr y las faldas cada vez más cortas y los tops cada vez más transparentes hacen que nuestros órganos sexuales sean más visibles y accesibles. Esta *feminidad* también se impone a las niñas, por eso cuando los hombres se visten con ropa femenina para niñas, eso está relacionado con la cosificación de las niñas.

Por otro lado, las mujeres se ponen pantalones, camisas y ropa holgada tradicionalmente asociada a los hombres para escapar de la trampa de la feminidad: para ser más libres para moverse y defenderse y para estar más cómodas. El rechazo de las mujeres a los estereotipos de la ropa femenina ha ido acompañado del hecho de que han asumido los roles tradicionalmente masculinos de educación, liderazgo, trabajo, independencia. Los hombres que se visten de mujer no suelen asumir los roles tradicionalmente femeninos del trabajo doméstico no remunerado o las tareas de cuidado. Suelen retozar delante del espejo, les encanta ver el revuelo de sus faldas al girar sobre sí mismos, y emulan el «comportamiento de una bimbo», que apela a la cosificación sexual y al estereotipo de la mujer como «cabeza hueca»: es la sexualización de la opresión femenina.

He perdido la cuenta de las mujeres que ingenuamente defienden el travestismo masculino y de los hombres que humillan a las mujeres que se dan cuenta del problema con el travestismo masculino tachándolas de «misándricas/homófobas o timoratas». Es agotador.

En la práctica, cada vez que el travestismo masculino se presenta como inocente, divertido, normal e igual que las mujeres que se ponen pantalones, es fácil encontrar pruebas de lo contrario. Entre tanto, las mujeres se enfadan con otras mujeres mientras los hombres nos dividen y nos vencen a nosotras, a nuestros instintos y a la solidaridad entre mujeres.

Comprendo que no todas las mujeres «hayan llegado a ese punto», eso está bien y es de esperar. Pero el mejor consejo que os puedo dar es el siguiente: si una compañera expresa su malestar por el travestismo masculino, lo más feminista que puedes hacer es no unirte por norma al coro masculino que grita «¡misandria! ¡homofobia!». No subestimes a otras mujeres -y especialmente a las feministas que han visto todo esto antes y pueden reconocer el patrón-, por favor.

Hay ropa holgada para hombres por todo el mundo: pareos, caftanes y similares. Si los hombres quieren airearse el paquete cuando hace calor, ya tienen ropa disponible que no llama a la sexualización de las mujeres y las niñas.

Las fotos de abajo son del hombre Minnie Mouse. Fijaos en la boca entreabierta, la mirada vacía, la insinuación de «juego de edad», la niña no como una simple muñeca, sino como una marioneta sentada en el suelo con las piernas abiertas. Ya está bien de ser tan ingenuas.

PS1. La autoginefilia, la pedofilia y la autopedofilia existen en hombres de las tres orientaciones sexuales: homosexual, heterosexual y bisexual. Estas parafilias no son orientaciones sexuales en sí mismas, ni son exclusivas de una orientación sexual. Las parafilias son trastornos psicosexuales, mientras que la orientación sexual es una parte normal y saludable de la sexualidad adulta que simplemente describe hacia qué sexo se siente atraída sexualmente una persona.

Los sexólogos que intentaron categorizar estas parafilias en particular han demostrado estar bastante ciegos ante esto, ya que mandan a estos hombres a espacios exclusivos para mujeres y siguen apoyando a grupos de activistas pedófilos, y algunos de ellos incluso abogan por que la P de p(ederastas) se añada a LGBT. Algunos de sus trabajos eran intuitivos y perspicaces. Pero su trabajo estaba incompleto debido a sus propios puntos ciegos y agendas. Así que usad el cerebro, los ojos y los instintos para refinar vuestra comprensión de lo que está pasando aquí.

PS2. Nunca he estado de acuerdo con la frase «ponte lo que quieras», ni con «lo que hagas a puerta cerrada es asunto tuyo». El travestismo masculino, así como la violencia doméstica (como atestiguan las viudas trans y sus hijos) es un problema real. Así que, aunque yo no prohibiría a nadie que se pusiera lo que quisiera (siempre y cuando no se tratara de exhibicionismo), no podemos ser ingenuas ante los riesgos del travestismo masculino, en público o en privado.

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