
No es la profesión más antigua, sino la opresión más antigua.
Como orientadora laboral en una oficina de empleo muy concurrida, puedo confirmar que es típico del Departamento de Trabajo y Pensiones (DWP) y, por extensión, de las oficinas de empleo, prometer mucho y cumplir poco. Esto es aún más evidente cuando se trata de identificar y apoyar a la juventud en riesgo de explotación sexual.
Si bien el sinhogarismo, la salud mental, el abuso doméstico y el abuso de sustancias están muy presentes en el radar del DWP, aunque sólo sea en su capacidad para derivar a otros servicios, la explotación sexual nunca o casi nunca se menciona. Mientras que a estas otras cuestiones se les dedica jornadas de formación específicas para el personal, se les asigna una Persona de Interés Especial y se fomenta la colaboración con otras organizaciones, las cuestiones relacionadas con la explotación sexual se ignoran sistemáticamente. De esto, se podría concluir razonablemente que el DWP no considera que la explotación sexual sea relevante o importante para su funcionamiento.
OnlyFans se ve un poco como una broma y no se le da mucha importancia, en parte porque, a diferencia de Pornhub, el nombre nos permite pasar por alto la verdadera naturaleza del contenido del sitio. En la oficina de empleo, como en la vida, existe una profunda falta de comprensión de lo que realmente implican estos sitios, la dinámica que conlleva ganar dinero con ellos, quién obtiene los beneficios y quién sufre las consecuencias. Para mayor claridad, OnlyFans es un sitio de contenido principalmente pornográfico. No exclusivamente, pero, como demostró su fallido intento de cerrar el contenido sexualizado en 2021, son los cuerpos desnudos de mujeres jóvenes los que mantienen la rentabilidad del sitio.
La primera vez que oí mencionar OnlyFans en mi calidad de orientadora laboral fue cuando un colega, que claramente pensaba que estaba haciendo lo correcto, declaró en la oficina, que de 9 a 5 es un espacio público, que no podía seguir trabajando con una solicitante de empleo en particular porque la conocía de OnlyFans. Creo que esto es un anticipo de lo que está por venir.
La segunda vez fue unos meses más tarde, durante una sesión de formación en línea de tres días sobre cómo orientar a los solicitantes que trabajan por su cuenta a llevar sus negocios. Inexplicablemente, la formadora (una mujer de mediana edad) utilizó los escenarios de formación para destacar OnlyFans, en lugar de, por ejemplo, un negocio de contabilidad o catering, y esto pareció desencadenar un flujo constante de comentarios pueriles por parte de los participantes a lo largo de la formación, que no fueron cuestionados en absoluto por los coordinadores. Además, algunos compañeros relataron experiencias de creadoras de contenido de OnlyFans que ofrecían a los orientadores laborales acceso gratuito a contenido sexualizado y un caso en el que un orientador laboral se puso en contacto con una solicitante en OnlyFans tras conseguir sus datos de una cita en la oficina de empleo. El uso de información obtenida de bases de datos confidenciales para uso personal es motivo de despido para los orientadores laborales, aunque éste sigue en su puesto.
Durante esa sesión de formación, una de las coordinadoras aludió al hecho de que había tenido problemas por fomentar la participación en OnlyFans, mientras que su compañera confirmó que el DWP considera OnlyFans como una fuente legítima de ingresos por autónomos que puede y debe ser gravada. Por lo tanto, una creadora de OnlyFans no sólo tiene que pagar suscripciones por su propia explotación potencial y, posiblemente, comisiones a un tercero que actúa como proxeneta o alcahuete, sino que además está obligada a pagar impuestos sobre sus ingresos sin obtener ningún beneficio apreciable. Eso resulta en muchas personas que ganan dinero con una supuesta situación laboral que no puede proteger y no protege a las creadoras de la explotación que se produce en ella.
La explotación es clave en el modelo de negocio de OnlyFans y, a pesar de que no es ni mucho menos el único sitio de este tipo, ni siquiera el peor, es el nombre que todo el mundo conoce. Aunque la gente no comprenda del todo el concepto, todo el mundo ha oído hablar de OnlyFans. Sin embargo, sigue existiendo un desinterés generalizado y colectivo por cómo las mujeres acaban prostituidas, el concepto de consentimiento informado y coacción y, en estas circunstancias, cómo la mercantilización del cuerpo de las mujeres no es un buen punto de partida para el apoyo al empleo profesional.
Lo más indignante es el hecho de que el DWP considere la prostitución como una carrera profesional legítima. En la sociedad, se promueve la narrativa de que OnlyFans es sexy, divertido y empoderador. En el DWP, la narrativa es que se trata de un auténtico trabajo por cuenta propia. El DWP se ha dejado llevar claramente por el mantra «el trabajo sexual es trabajo», una trivialidad sin sentido que busca desviar todo escrutinio del comercio sexual y absolverlo de cualquier responsabilidad por la forma en que se obliga y coacciona a las mujeres a existir dentro de él. Este es el resultado inevitable de décadas de políticas gubernamentales que priorizan los deseos y las expectativas de los hombres por encima de la seguridad y la dignidad de las mujeres, siempre en detrimento de la autonomía y los derechos de estas últimas.
Otros tipos de creadores de contenido en línea también están empezando a presentarse como autónomos en las oficinas de empleo, y creo que es preocupante que cualquier adolescente, sea hombre o mujer, diga que donantes anónimos le pagan por sus reacciones en directo en línea. Sin embargo, estos solicitantes juegan a videojuegos ante una audiencia y parecen tener el control de su situación, algo que no ocurre con quienes se dedican a contenidos sexualizados. Entre otras cosas, porque actúan completamente vestidos, al menos por el momento. No fue ninguna sorpresa escuchar a una de estas solicitantes decir que a ella y a sus amigas les proponen jugar a videojuegos en diversos estados de desnudez y mostrar comportamientos o posturas sexualizadas a cambio de mayores sumas de dinero. A veces se les pide que se desnuden sin ofrecerles ningún pago, porque, al parecer, eso es lo que el público espera que hagan las mujeres por ellos.
El engagement en los videojuegos se produce principalmente en YouTube y TikTok, porque el contenido de videojuegos está muy consolidado en esos sitios y estos jóvenes utilizan cuentas que tienen desde que eran pequeños. El caso de los creadores de OnlyFans es diferente. Hasta ahora, todos ellos han sido mujeres muy jóvenes y el comportamiento poco profesional al que se enfrentan por parte de los orientadores laborales, concretamente debido a su asociación con sitios explícitos, supone un reto al que no se enfrentan otros creadores de contenido.
Cabe mencionar que los orientadores laborales tienen una considerable jurisdicción personal sobre cómo responder a los solicitantes. Pueden optar por proponer sanciones (reducción de las prestaciones) a los solicitantes, suspender o cerrar las solicitudes y determinar la frecuencia con la que un solicitante debe acudir a la oficina de empleo. Está claro que, si la realización de actos sexuales en OnlyFans se convierte en una actividad autónoma legítima, es sólo cuestión de tiempo que este tipo de actividad se considere válida para otros solicitantes de empleo.
Se anima a los orientadores laborales a sugerir puestos de trabajo a los solicitantes que tienen a su cargo e incluso a obligarlos a solicitar determinados puestos si se considera que el solicitante es capaz de desempeñar el trabajo con unos estándares mínimos. Si un orientador laboral obliga a un solicitante a solicitar un puesto de trabajo y éste no lo hace, el orientador laboral está facultado para proponer que se le imponga una sanción en su prestación mensual. Esta sanción suele consistir en una reducción a cero, lo que significa que el solicitante se queda sin dinero para cubrir los gastos básicos del mes. Entonces, ¿qué le ocurre a la mujer que lucha por encontrar un trabajo pero no acepta la explotación sexual como alternativa? Su prestación se reducirá y se verá aún más empujada hacia la pobreza. ¿Qué pasa si se encuentra con un orientador laboral vengativo que quiere convertirla en un ejemplo por no proporcionarle contenido gratuito de forma continua? Probablemente lo mismo.
Escenarios como estos no son inverosímiles y los solicitantes ya son sancionados habitualmente por no solicitar los puestos de trabajo que les sugieren los orientadores laborales. Si la explotación que se produce en OnlyFans recibe la legitimidad del Estado, ¿qué impide que se apruebe una directiva que obligue a las solicitantes a registrarse en el sitio web y declararse «trabajadoras sexuales autónomas»? Siguiendo esta lógica, es de suponer que el Gobierno colaboraría con proxenetas y explotadores (bajo otro nombre, por supuesto) para crear oportunidades de pago de impuestos, lo que en última instancia reduciría las estadísticas de desempleo.
Este enfoque fomenta una cultura que alimenta la misoginia, excusa la violencia sexual masculina, crea confusión entre la juventud sobre el comportamiento adecuado y respetuoso y allana el camino para la explotación de menores. Como empleada del DWP, me preocupa que la difícil labor de los orientadores laborales se complique aún más con la llegada de estos problemas.
El polémico, excesivamente complicado y punitivo sistema de Crédito Universal fue ideado por figuras decorativas adineradas y distantes que no saben nada sobre el desempleo, el sinhogarismo o la vulnerabilidad económica. Como resultado, es extremadamente difícil, como trabajadora de primera línea, apoyar con éxito a la gente vulnerable a través del sistema. Ahora, con la legitimación de la prostitución, nos vemos obligados a aceptar el respaldo a la explotación sexual por parte de un gobierno que busca servir a los intereses de la industria del sexo en lugar de proteger a quienes se ven obligadas o coaccionadas a ejercerla.
En última instancia, se trata de una mayor habitualización y normalización del comercio sexual. Lleva ocurriendo desde hace mucho tiempo ante nuestros ojos y es implacable. También se basa en la relativa ignorancia de la población en general sobre lo que necesita la industria del sexo para crecer en dominio cultural y económico. No creo que el Estado deba ser un censor y no creo en prohibir cosas. Pero tampoco confío en que ningún gobierno, del color que sea, proteja a las mujeres de la violencia masculina dirigida hacia ellas ni proteja a la infancia y a la juventud de la explotación sexual.
En este momento, en el Departamento de Trabajo y Pensiones de Inglaterra, la explotación sexual se está replanteando como una cuestión laboral. La gente debería saberlo y deberíamos luchar contra ello.

