¿Por qué un museo quiere cancelar su propia exposición sobre Charles Dickens?

El sector del patrimonio de Gran Bretaña, absurdamente progresista y woke, está destruyendo poco a poco su razón de ser.

Sean Walsh, Charles Dickens, Blog de Salagre

El Museo Guildhall de Rochester alberga una exposición permanente que rinde homenaje a la extraordinaria vida y las maravillosas obras de Charles Dickens. A pesar de ello, ha emitido un documento interno destinado a advertir al personal sobre la vergonzosa vida y los escritos ofensivos de Charles Dickens.

La lista de acusaciones alega los habituales delitos contra todo lo que es agradable, y sin duda está redactada con genuina preocupación ante la posibilidad de que el personal del museo sea incapaz de lidiar con «la parte más oscura de la obra del escritor, como su falta de universalismo». Entre otras cosas que alarman al personal del museo se encuentran el apoyo de Dickens al Imperio Británico y «no por su diversidad», sus llamamientos a la represalia tras el Motín de la India de 1857 y sus burlas hacia los misioneros. Dickens, advierte el documento, tenía opiniones que «pueden causar gran ofensa hoy en día», cuyo horror completo sólo podemos imaginar, ya que parece haber borrado sus cuentas en las redes sociales.

No sé si es algo nuevo, este intento de un museo público de, en la práctica, cancelarse a sí mismo, pero uno no puede evitar preguntarse si se trata de la inevitable reductio ad absurdum de los movimientos de cancelación. Al fin y al cabo, todas las revoluciones acaban devorando a sus propios hijos. Pero sí resulta inusual que esto ocurra a nivel de un recurso patrimonial local.

También es bastante gracioso cuando lo piensas bien. Estamos llegando a un punto en el que a un comentarista social con inclinaciones satíricas no le queda más remedio que enumerar lo que están tramando los fetichistas de la ofensa y dejar que su propia ridiculez hable por sí sola. Estoy seguro de que el propio Dickens se lo habría pasado en grande con todo este asunto.

Roger Scruton decía que lo habían educado para creer que uno debe esforzarse por no ofender, pero hoy en día hay demasiada gente que se dedica incansablemente a ofenderse. Siendo así, en ocasiones podría ser una cuestión de cortesía ofrecerles exactamente lo que tanto desean. Si alguien ha desarrollado la costumbre de alterarse por cosas triviales, la mejor manera de ayudarle es ridiculizarlo para que cambie de actitud. De hecho, si las opiniones discutibles de un escritor que murió hace 156 años te ofenden, entonces, por tu propio bien, necesitas que se burlen de ti.

Aristóteles planteó una idea similar hace unos 2400 años. En De Anima, argumentaba que existe una «educación de las emociones». Lo mismo hicieron los medievalistas y los escolásticos, que lograron desarrollar una sofisticada psicología moral en la que la «ética del sentimiento», y el valor de conceptos como la vergüenza, se consideraban, con razón, fundamentales. A veces resulta instructivo sentirse molesto. Y, en ocasiones, causar ese malestar es un acto de caridad.

Cuando un escritor es tan astuto como Charles Dickens, el peligro es que una observación afectuosa de la época en la que escribió se confunda con una aprobación. El caso Rochester no es más que una expresión más de la cultura de la cancelación retroactiva, que nos insta a reevaluar a nuestros mejores escritores y pensadores a través del prisma de las sensibilidades actuales. Hay muchos que borrarían con gusto la memoria nacional atacando la literatura, la filosofía y las tradiciones del Derecho Común que actualmente la preservan. Por desgracia, la mayoría de estos guerreros culturales se han infiltrado en las estructuras artísticas y patrimoniales del sector público mientras el resto no estábamos mirando.

El hecho de que la hayan tomado con Dickens es revelador. Aunque escribiera desde los prejuicios supuestamente descalificantes de la Inglaterra victoriana, lo hizo sin perder de vista lo esencial del ser humano, sus defectos y sus absurdos. Por ello, fue «universalista» en el único sentido que realmente importa. Las personas son personas, independientemente de la época en la que vivan. De hecho, si miramos al pasado y nos parece que no está a la altura, deberíamos ser conscientes de que, si pudiera mirarnos a nosotros, quizá sentiría exactamente lo mismo.

Artículo original

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Salagre.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a Lucushost S.L. que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Otros artículos

Blog de Salagre

El principio de mi activismo.

Mi activismo empezó como el de casi todas, queriendo entender lo que estaba pasando con una pequeña cantidad de gente que decía haber nacido en el cuerpo equivocado. Soy una mujer, no volveré a ver los 50, mi generación tiene el patriarcado muy asumido, así que estoy muy entrenada en

Leer artículo »
Blog de Salagre, Lesbian and Gay News

Guía para hacer peaktrans.

Puede ser muy difícil saber por dónde empezar cuando se saca a relucir el tema explosivo del debate de género con amigos woke. Sin culpa alguna, han sido adoctrinados para creer que las mujeres trans son mujeres, y que el que no esté de acuerdo debe estar motivado por el

Leer artículo »

Suscríbete a nuestra newsletter


Loading

Buscar en el blog

Buscar
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.   
Privacidad