
Texto de Ane Maiora
Una vez más quiero resaltar la importancia del lenguaje y cómo lo utilizamos. El lenguaje no sólo nombra: también construye, invisibiliza y manipula la realidad. También sabemos que nombrar es poder. Y que lo que no se nombra, no existe.
Define, pues, lo que existe, lo que se considera normal, lo que se invisibiliza y lo que se prohíbe nombrar. Controlar el lenguaje es controlar el pensamiento. Muchas y muchos lo han tenido clarísimo a lo largo de la historia

Desde esa premisa, reflexionemos: ¿qué ocurre cuando el lenguaje se utiliza para imponer una narrativa que borra a las mujeres y su lucha? Y ¿por qué es tan importante ser precisas con las palabras que utilizamos?
En todos los sistemas autoritarios, lo primero que se controla es el lenguaje: se censuran palabras, se redefinen conceptos, se prohíben nombres incómodos, se imponen eufemismos. Como escribió Victoria Sau: “Nombrar es un acto político.”
Pero ojo: el lenguaje también invisibiliza. Pongamos un ejemplo clarísimo: durante siglos, “el hombre” se usó como sinónimo de “la humanidad”. El masculino genérico borró a las mujeres del relato, convirtiéndonos en “lo otro”. El término mujer como la otredad.
La lingüista Deborah Cameron nos recuerda: “El lenguaje no sólo nos permite hablar: nos obliga a posicionarnos.” Por esto insisto en que no podemos separar las palabras de la ideología que las sostiene.
Cuando el lenguaje borra la categoría “mujer”, también borra nuestros problemas:
– Las cifras de feminicidios se diluyen
– Los espacios de protección se abren a hombres.
– Las estadísticas dejan de visibilizar la opresión sexual.
No es casualidad. Es política.
Lo mismo ocurre con el uso de palabras como «trans», «transexual», o eufemismos para no nombrar las palabras #Hombre y #Mujer. No es sólo un debate semántico: es una lucha por la realidad misma. El lenguaje no es neutral ni benigno: es campo de batalla.
La llamada “transexualidad” es un imposible biológico. Nombrar “mujeres” a hombres o distinguir entre “trans verdaderos” y “trans falsos” legitima un marco ideológico que convierte un sentimiento en categoría política y borra a las mujeres como clase oprimida.
Cada vez que usamos su terminología, adoptamos su relato. Y su relato desarma al feminismo. Como advierte Laura Lecuona “Estamos en medio de una tremenda confusión conceptual… que forma parte de un contragolpe patriarcal.”
Nombrar la realidad es resistir. Como dice Rodríguez Magda: “Lo siento, vamos a seguir siendo molestas, no tenemos otro objetivo que seguir siéndolo ante cualquier maniobra de borrado.”
El lenguaje crea mundos. Por eso defendamos con uñas y dientes el nuestro. Porque si nos quitan las palabras, si cedemos en utilizar el lenguaje que nos quiere imponer este “renovado” Patriarcado, nos quitan la historia, la lucha y el futuro.


4 respuestas
Viene muy bien pensar en la importancia del lenguaje, haces bien en recordarnos que es necesario reflexionar sobre esto y hacer buen uso del mismo. No colaboraremos en la confusión intencionada, inducida y contraria a nuestro propio interés legítimo como mujeres.
Sí, no viene demás recordarlo de vez en cuando, el lenguaje es primordial.
Como dijo en una ocasión Salagre: el lenguaje es lo único que nos queda. Y yo añadiría, lo único sobre lo que tenemos algún poder. Usémoslo 💜
Qué bien que hayas pasado por aquí, Ane, aprovecho para darte las gracias por dejarme publicar tu fantástico artículo. Un abrazo enorme!!