Madre en Chicago pierde la custodia de su hija por negarse a decir que es un niño.

 

Jeannette Cooper nunca se imaginó que perdería la custodia de su hija. Esta mujer de 44 años, que ha sido docente toda su vida profesional, siempre se ha considerado una madre cariñosa y responsable con su hija Sophia. Pero cuando, a los 12 años, Sophia de repente dijo ser transgénero, Jeannette se mostró escéptica. Sophia nunca había mostrado signos de disforia de género. De hecho, Sophia exhibía muchos más comportamientos y preferencias tradicionalmente femeninas que Jeannette. Para Jeannette, no tenía ningún sentido.

Pero Sophia insistió, no solo en que era trans, sino en que no se sentía «segura» con Jeannette. Lo que siguió fue una serie casi kafkiana de procedimientos judiciales y sesiones de terapia en las que el ex marido de Jeannette, abogados, terapeutas y otras personas e instituciones supuestamente preocupadas por el bienestar de Sophia, se unieron para erosionar los derechos maternales más básicos de Jeannette. Casi tres años después, Jeannette ni siquiera puede visitar a la hija que ama. Vive a menos de diez minutos de distancia, pero solo puede comunicarse con Sophia por correo tradicional. Todo por insistir en que Sophia es una niña.

Finalmente lista para contar su historia, Jeannette habla para advertir a los padres de cómo la ideología de género se ha convertido en la última arma en las batallas por la custodia de los padres, cortando uno de los lazos más fundamentales en la vida bajo el pretexto de proteger a los niños.

Primera parte: ¿Qué es una mujer?

Jeannette se afeita la mitad de la cabeza pero no las piernas, a menudo no usa sujetador y compra ropa sin importarle si se vende en los departamentos de hombres o mujeres. Bromea diciendo que si crees en los estereotipos de género tradicionales, ella es la que la gente pensaría que es transgénero. Pero así es precisamente como Jeannette crio a su hija, fuera de los confines de los estereotipos sexuales tradicionales.

«No creo que haya límites sobre lo que significa ser mujer que no sea existir en un cuerpo femenino», dijo Jeannette, que vive en Chicago, Illinois. «No hay nada que pueda hacer para convertirme en mujer. Simplemente lo soy. Puedo vestirme de la manera que quiera. Puedo cortarme el pelo, dejármelo largo, puedo cambiarme de ropa. Sigo siendo mujer. Cualquier comportamiento que tenga es de mujer porque es mío».

A Jeannette no le importan las etiquetas políticas. Pero se considera una feminista radical y ha votado demócrata en todas las elecciones desde que tenía 18 años. Al abordar la discrepancia entre sus creencias políticas y sus puntos de vista sobre el sexo y la ideología de género, Jeannette respondió: «la diferencia entre el libertarismo y la anarquía es una línea muy delgada».

Cuando Jeannette y su ex esposo se divorciaron en 2015, el acuerdo le otorgaba a Jeannette la custodia de Sophia seis días, siete noches a la semana. Si bien Jeannette admite que Sophia tuvo dificultades con el divorcio, ella y su hija estaban muy unidas, le dio clases en casa durante un tiempo y fortalecieron sus vínculos afectivos con juegos de mesa, vacaciones en Six Flags (parque de atracciones de EEUU) y una política progresista compartida.

Así que el 22 de julio de 2019, cuando Sophia, entonces de 12 años, fue a la visita acordada en la custodia a casa de su padre, Jeannette no tenía ninguna razón para sospechar que Sophia no volvería con ella. Pero a las 8:30 PM, cuando Jeannette llegó a recoger a Sophia, su ex esposo se negó a devolvérsela.

Segunda parte: No volver a casa

A la mañana siguiente, Jeannette, por primera vez, se enteró de que Sophia se identificaba como transgénero y no se sentía «segura» bajo su cuidado. Jeannette no podía entender por qué se sentía así. Jeannette dice que siempre le ha dejado claro a su hija que la iba a aceptar por lo que es, pero señala que puede haber hecho comentarios en presencia de Sophia sobre noticias acerca de adolescentes que buscan hacer la transición, expresando su opinión de que muchos de estos niños solo necesitan encontrar una manera de sentirse cómodos con sus cuerpos y encontrar personas que aprecien sus personalidades únicas, en vez de identificarse fuera de su sexo.

Después de ocho días en los que su ex marido violó el acuerdo de parental, Jeannette presentó una petición de emergencia para que su hija fuera devuelta a su custodia. El padre de Sophia respondió en documentos judiciales, alegando que debido a la «incipiente adolescencia y el despertar de la conciencia de sí misma», Sophia «ya no estaba mental o emocionalmente segura» en la casa de Jeannette. Pidió tener custodia exclusiva, toda la autoridad para tomar decisiones, y solicitó que el tribunal prohibiera a Jeannette ver y comunicarse con Sophia a menos que él y un representante de menores puesto por los tribunales estuvieran de acuerdo.

El tribunal se puso del lado del ex marido de Jeannette, a la espera de una investigación.

Tercera parte: Afirmación

Angustiada y desesperada por ver a su hija, Jeannette dejó de lado sus creencias y le escribió a Sophia una carta de afirmación de tres páginas, dirigida al nuevo nombre elegido de su hija, «Ash».

«Había forzado mi cerebro a aceptar la realidad que se me presentaba», dijo Jeannette. «Pensé que eso era lo que se suponía que debía hacer».

La carta no solo no le ayudó a recuperar a su hija, sino que a Jeannette le dijeron que no le debería haber escrito en absoluto. «No entendí eso», dijo Jeannette. «Y eso me despertó a lo que realmente estaba sucediendo».

Jeannette creía que la nueva madrastra de Sophia, una psicoterapeuta, había alentado a Sophia a separarse de Jeannette. Poco a poco, pieza por pieza, Jeannette dijo que la madrastra de su hija ayudó a orquestar un cambio de custodia con la excusa de «salvar» a Sophia.

Tres años más tarde, Sophia tiene el mismo aspecto femenino de siempre pero usa el nombre de «Ash» y los pronombres preferidos xe / xyr / xyrs.

Bajo la orden judicial temporal emitida poco después de que Sophia afirmara por primera vez ser transgénero, a Jeannette solo se le permitía ver a su hija si asistía a terapia familiar de reconciliación, que tiene un objetivo específico de reconciliar a un niño y un padre alienados. Jeannette dijo que estaba deseando que llegara el momento. Lo único a lo que se oponía era al requisito de que se incluyera a la esposa de su ex marido, lo que le daba a la madrastra de Sophia acceso a todo lo que sucedía durante la terapia familiar, incluidas las sesiones privadas de Jeannette con Sophia. Jeannette le dijo al terapeuta que no aceptaba ese acuerdo, pero según Jeannette, la terapeuta dijo que si Jeannette no daba su consentimiento, no podría ver a su hija.

«Me dijeron que si no estoy de acuerdo en tener a la madrastra allí, mi hija se niega a verme», dijo Jeannette. «No tenía otra opción. Tenía tantas ganas de verla».

Las sesiones de terapia no tuvieron éxito en reconciliar la tensa relación. A pesar de eso, creía que su pesadilla pronto terminaría.

Cuarta parte: Una investigación ordenada por el tribunal

Cuando el ex marido de Jeannette dijo que su hija no se sentía «segura» con su madre, el tribunal ordenó una investigación exhaustiva de custodia [604.10 (b)] para determinar si alguno de los padres era un riesgo para la salud física, mental o emocional de Sophia. Esa investigación, creía Jeannette, probaría que no había cometido ningún delito y la reuniría con su hija.

Jeannette, una ex profesora y en este momento haciendo el doctorado en educación en la Universidad DePaul, tiene problemas para entender la acusación de su hija de que no se siente «segura» con ella. Ha pasado toda su vida adulta rodeada de niños. Sin embargo, entendía que el tribunal tenía el deber de investigar. «Esa es la responsabilidad del tribunal: investigar si un niño dice que no se siente seguro», dijo Jeannette. «Así que estaba de acuerdo con eso. Creo que es lo correcto».

La investigación de siete meses, realizada por un psicólogo clínico, requirió pruebas psicológicas, visitas domiciliarias y horas de entrevistas con cada progenitor.

«Después de recibir los resultados del informe, pensé, esto se va a resolver solo, seguro. Está claro que no encontraron abuso o negligencia. No encontraron nada sobre mí que fuera peligroso», dijo Jeannette.

«Pero lo que claramente no estoy cumpliendo es este concepto de que una buena educación significa que tienes que reafirmar la afirmación de un niño de que hay algo mal con su cuerpo. No estoy dispuesta a hacer eso. No creo que ser una buena madre consista en eso».

Jeannette no puede compartir los resultados del informe, pero los documentos judiciales disponibles al público después de la investigación no mencionan abuso o negligencia. En cambio, citan la necesidad de Jeannette de «profundizar [su] comprensión y el apoyo al/a la menor en lo que se refiere a la disforia de género del/de la menor».

«Tengo una interpretación del concepto de una identidad transgénero», dijo Jeannette. «No creo que sea la interpretación que quieren que tenga».

«Quieren que entienda que existen niños que nacen transgénero, y que eso es lo que son. No creo que eso sea cierto. No voy a mentir al tribunal. No diré lo contrario. Creo demasiado firmemente en mi juramento de decir la verdad. Mi hija es una niña, y no le mentiré a ella ni a nadie. Creo que eso es ser una buena madre».

Quinta parte: Un nuevo «acuerdo»

El año pasado, sin poder ver a su hija y con la terapia suspendida, Jeannette firmó voluntariamente un nuevo acuerdo para evitar una audiencia larga que temía que terminara con el mismo resultado. Después de casi tres años, no quería someter a su hija, o a sí misma, a más traumas.

Según los términos del acuerdo final, Sophia debe permanecer bajo la custodia de su padre, sin derechos de visita para Jeannette sin una orden judicial o a menos que su ex esposo esté de acuerdo. A pesar de las repetidas solicitudes de Jeannette para ver a su hija, él no lo ha permitido.

Desde que todo esto comenzó, Jeannette se perdió los cumpleaños 13, 14 y 15 de su hija. Cerca de cumplir 16 años este agosto, Jeannette descubrió que Sophia está aprendiendo a conducir. «Ojalá pudiera enseñarle yo», dijo Jeannette. «Creo que se me da bien eso».

A cambio de renunciar a la posibilidad de pasar tiempo con su hija, Jeannette negoció un compromiso legal por el que Sophia no hará la transición médica sin una orden judicial o el permiso por escrito de Jeannette. También conservó la posibilidad de ponerse en contacto con Sophia por correo postal.

«La gente que está encarcelada tiene más comunicación con sus hijos que yo», dijo Jeannette. «Eso está mal».

Desde que Sophia salió de su casa en 2019, Jeannette dijo que la ha visto durante un total de ocho horas y media.

Jeannette puede solicitar a los tribunales volver a ver a Sophia después de consultar con un terapeuta y asistir a tres sesiones de grupos de apoyo para padres o tutores de niños que se identifican como transgénero en el Programa de Desarrollo de Género y Sexo en el Hospital Infantil Lurie, que, según su sitio web, ayuda «proporcionando a nuestras familias educación, atención clínica excepcional y afirmativa».

Jeannette asistió a cinco sesiones el otoño pasado tan pronto como pudo inscribirse. El terapeuta requerido por la corte no tiene vacantes y su lista de espera está llena.

«Estoy contenta de hacer lo que sea necesario y todo lo que se me pida para poder estar en contacto con mi hija», dijo. «Ahora mismo, ya no sé qué más puedo hacer».

Sexta parte: Contando su historia

Jeannette sabe que hay miles de padres que luchan con problemas similares. Según una encuesta de Pew de junio de 2022, el 5.1% de los adultos menores de 30 años se identifican como transgénero o no binarios. Aproximadamente la mitad de los adultos menores de 30 años dicen que conocen personalmente a alguien que se identifica como transgénero, y aproximadamente uno de cada diez adultos dice que conoce a alguien menor de 18 años que se identifica como transgénero. Un grupo de Facebook para padres de niños que se identifican como transgénero, que Jeannette ayuda a administrar, tiene 2,500 padres. Otros grupos de afirmación parental tienen más de 12,000 miembros.

En lugar de mantenerlos en la oscuridad sobre lo que está sucediendo dentro del tribunal de familia, Jeannette quiere que los padres sepan que no están solos.

«Me entristece decir que esto podría pasarle a cualquiera», dijo Jeannette. Al compartir su historia, espera que los sistemas que la separan de su hija cambien.

«El proceso por el cual me quitaron a Sophia, y por el que se consolidó la decisión de que no podría estar en mi presencia, que no tendría contacto con ella, la está perjudicando. Es un trauma para ella», dijo Jeannette. «De ninguna manera el tribunal de familia debe separar a los niños de sus padres biológicos sin ninguna evidencia de abuso o negligencia. Eso está mal. No debería pasarme a mí. No le debería estar sucediendo a ningún padre. Definitivamente no debería haberle sucedido a mi hija. Ella es la víctima principal en esta situación».

Jeannette culpa a mucha gente, en su mayoría profesionales, por su situación. Una persona notablemente ausente de esa lista es Sophia, ya que Jeannette cree que hizo una cosa adolescente normal.

«Ella probó algo. Pero no había barreras de seguridad, nada la paró», dijo Jeannette, y agregó: 

«No estoy enfadada con mi hija. No estoy decepcionada con ella. Estoy decepcionada con los adultos que no han podido proteger y apoyar su crecimiento y desarrollo de una manera sostenible. Lo siento por ella. Ella lo estaba pasando mal y la dejaron sola para lidiar con eso por su cuenta, en lugar de estar con ella y no tratar de solucionar todos sus problemas. Decir: ‘Sé que no te sientes segura, pero no veo nada, ninguna evidencia que te haga insegura. Así que averigüemos por qué te sientes de esta manera. Juntemos a una variedad de adultos que puedan apoyarte en este momento de angustia y quedarse contigo hasta que salgas de eso».

Jeannette no sabe cómo reaccionará su hija al ver a su madre compartir su historia, un derecho que Jeannette también retuvo en el nuevo acuerdo. Pero Jeannette espera que, con el tiempo, algo bueno salga de ello. Que un día, Sophia entenderá la decisión de su madre de mantenerse firme en la verdad y tal vez incluso admire lo que Jeannette está haciendo como madre.

«Veo que mi hija está en el mar en un bote», dijo Jeannette. «Lo está pasando mal. Está en aguas agitadas. Lo sé. Lo he visto. Y lo que me han dicho es que siga su ejemplo, que la siga en este viaje. No estoy dispuesta a hacer eso. No creo que eso sea criar bien. Es mi responsabilidad no enganchar mi bote al de ella. Es mi responsabilidad ser un faro, ser algo estable que ella pueda ver, una guía que ella tenga, que siempre estará ahí, que sea consistente».

«Y esa es mi responsabilidad. Todavía lo hago hoy a pesar de que no tengo su custodia. No tengo parte en la toma de decisiones médicas. Ni en la toma de decisiones educativas. Y no hay forma de comunicarme con ella que no sea por correo. No tengo su número de teléfono. Sé dónde vive, pero no se me permite ir allí. Sé a dónde va a la escuela y tampoco se me permite estar allí. Pero esto es la crianza de los hijos. Lo que estoy haciendo, a pesar de que no tengo contacto real con ella, sigo siendo su madre. Sigo siendo su madre. Y todavía la estoy criando».

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