No es una novela distópica, es nuestra realidad.

François Schuiten

Declararon que las mujeres no eran hembras humanas adultas. Decidieron que las mujeres no eran reales, que no se podían definir y, por lo tanto, cualquiera podía declararse mujer.

Decidieron que las mujeres no podían tener baños ni vestuarios para ellas solas y que los hombres debían de poder entrar en esos lugares para controlarlas, humillarlas, avergonzarlas, aprovecharse de ellas, acosarlas y mirarlas.

Decidieron que las mujeres ya no tendrían voz en los refugios para mujeres. Que no serían ellas las que decidieran a quién dejar entrar y a quién mantener fuera. Optaron por apoderarse de ellos y tomar ellos mismos esas decisiones. Dijeron a las mujeres que si no les parecía bien, que volvieran con su maltratador.

Decidieron que, puesto que las mujeres habían cometido delitos, merecían ser violadas como parte de su castigo. Para ello, optaron por meter a violadores convictos en las cárceles de mujeres.

Decidieron eliminar los deportes femeninos, así que dejaron entrar a hombres y niños, que robaron medallas, oportunidades y dinero a las deportistas y les dijeron que tenían que ducharse con esos hombres. El objetivo era erradicar el deporte femenino.

Se apoderaron de las organizaciones de mujeres, asegurándose de que fueran hombres los que ocuparan los puestos de liderazgo. Se desvió la atención de las mujeres y las niñas para dirigirla hacia los hombres y los niños, y les dieron fondos, becas y programas.

En los tribunales, pusieron a las mujeres en un aprieto, les hacían jurar que iban a decir la verdad para luego acusarlas de desacato por decir la verdad. Se impedía a las mujeres identificar correctamente a sus violadores. Para algunas mujeres, esto incluía tener que romper un juramento a su Dios.

En las escuelas, se enseñó a las niñas que ya no valían nada. Se las animaba a cambiar de sexo y a tomar hormonas peligrosas. Se les ordenó quitarse la ropa delante de los niños y lidiar con la menstruación en público.

En las universidades, se acallaron las voces de las mujeres. Se puso fin a los estudios de la mujer. Se cerraron los grupos de mujeres. Las mujeres ya no podían decidir a quién invitar como ponentes. Las conferenciantes invitadas se tenían que enfrentar a turbas que las amenazan con violación o muerte y que las retenían como rehenes.

Como no querían oír que sólo las mujeres daban a luz, ya que esto les recordaba que había algo que ellas podían hacer y ellos no, cambiaron las palabras «mujer embarazada» por «persona que da a luz», y trataron a las mujeres como «incubadoras y donantes de óvulos», arrebatándoles la palabra «madre».

Luego dijeron a la gente que dar a luz no era especial ni importante e instruyeron a las mujeres en que era misógino honrar a las madres.

Al mismo tiempo, redujeron a las mujeres a vientres de alquiler y afirmaron que lo único que necesitaban era un útero.

Substituyeron la religión y las iglesias por un nuevo tipo de religión. Una que afirmaba que se habían puesto algunas almas en los cuerpos equivocados.

También impusieron, a través de un mandado del gobierno, que todos debían creer y seguir esta nueva religión.

Tanto es así, que los tribunales quitaban la custodia de los niños a los padres que se negaban a «transicionar» a sus hijos y amordazaban a los padres para que no hablaran de ello.

Las escuelas se convirtieron en centros de aprendizaje de la ideología trans, donde se enseñaba a ocultar secretos a los padres, a denigrar religiones y a degradar a las niñas.

Las mujeres perdieron sus trabajos, sus familias, sus redes sociales y fueron «canceladas» por defender los derechos de las mujeres y las niñas.

Lamentablemente, muchas mujeres se unieron a los acosadores para hacer bullying a otras mujeres hasta obligarlas a obedecer.

Les robaron la voz a las mujeres, les arrojaron objetos, les dieron puñetazos en la cara, casi las matan aplastadas, las retuvieron como rehenes y tuvieron que contratar guardaespaldas para su propia seguridad, mientras la policía les daba la espalda.

Se puso a las mujeres en situaciones peligrosas e invasivas mientras los depredadores acechaban los espacios de las mujeres y utilizaban a mujeres que no consintieron a ello para alimentar sus deseos sexuales. Las empresas, la seguridad y la policía lo permitieron.

A los menores se les sometió a abusos médicos cuyos efectos durarán de por vida. Se reeducaron mentalmente sus cerebros y se atrofiaron físicamente sus cuerpos para luego administrarles hormonas incorrectas, lo que les conducía a las inevitables cirugías que los esterilizaron, los hicieron sexualmente disfuncionales y que destruyeron su salud.

Los menores fueron expuestos a pornografía y a fetiches pederastas en las escuelas. Drag queens sexualizados los animaban a convertirse en drag queens y bailar a cambio de dinero.

La atención a la salud de la mujer ya no tenía nada que ver con las funciones femeninas, y empezó a incluir penes y testículos, desviando así la atención de las necesidades de las mujeres.

Obligaron a las mujeres a aceptar que los hombres se ocuparan de sus necesidades físicas en detrimento de la dignidad, la seguridad y la intimidad de las mujeres.

Esto no es una novela distópica.

Esto está pasando.

Está pasando ahora.

De un hilo de @JunusAnna

9 comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo con vosotras. A mis 72 años no puedo más que asombrarme por lo que predican ciertas «feministas » de hoy.
    Soy de izquierdas desde mi adolescencia y participé en algunas de las primeras manifestación del movimiento feminista durante la transición. Los hombres éramos bien recibidos en tsles actos.
    Apoyé también a gays y lesbianas.
    No entiendo. No me cabe en el cerebro las ideas de esa ideología trans y todo el neolenguaje que se ha inventado para, entre otras barbaridades, evitar usar la palabra mujer.
    Lo que más me sorprende es la facilidad con que todo eso a cuajado en cierta izquierda.
    Contáis con mi apoyo.

    1. Es la misma misoginia disfrazada de inclusividad y modernidad. Nos va a llevar décadas deshacer este entuerto, si es que podemos.
      Como regla general, si no usa la palabra «mujer», no es feminista. Porque, cómo va a luchar por los derechos de las mujeres si no sabe definirlas?
      Gracias por el apoyo, Manel.

  2. Tanto éxito que ha tenido la serie «El Cuento de la Criada» y ¿no se dan cuenta que el procedimiento es el mismo?
    Se empieza conculcando derechos poco a poco y, si no hay reacción, de repente ya no hay vuelta atrás. Duele que todo principio ético, o simplemente humano, se haya vendido al capitalismo más salvaje.
    Gracias por tu blog, tan necesario. Eso sí, asusta.

    1. Yo estoy bastante sorprendida de que un sinsentido tan obvio haya tenido tanto éxito entre la gente corriente. Lo entiendo en los que hace dinero de ello, pero la gente de a pie? Tengo la esperanza de poder hablar de esto dentro de unos años como si fuera una pesadilla de la que por fin nos despertamos.
      Me alegra de que encuentres el blog útil, un abrazo.

      1. La gente de a pie cada vez tiene más miedo a ofender porque hay un desbarajuste conceptual importante. Se confunde ser asertivo con faltar al respeto, no se puede decir nada porque la subjetividad manda. Y claro, llegó la autocensura, nadie quiere ser señalado. Y del concepto empatía ni hablamos, ahora es buenismo.
        Yo también espero que esto pase. Abrazos.

  3. Si, siempre perdemos más q ganamos…sólo hacen el agosto con nosotras…muy acorde todo lo q está ocurriendo con el ejemplo del «cerdito» Esto no tiene fin!!

    1. Tenemos siempre que sospechar segundas intenciones en todo a lo que nosotras se refiere, la experiencia nos dice que no podemos bajar la guardia.

  4. La pregunta subsiguiente es: por qué? Ante los evidentes estertores del sistema capitalista la respuesta está siendo, capitalismo salvaje.
    Cómo? Deshumanizando a las mujeres, haciendo de la frase «del cerdo se aprovecha hasta el andar» el terrorífico destino marcado para nosotras en pro de más patriarcado y más beneficio

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