
No lo entendéis, ¿verdad?
En serio, no entendéis nada de nada.
No tenéis ni idea de lo que se avecina. Ni idea de lo mal que se van a poner las cosas en los próximos años.
Puede que creáis que lo sabéis, pero la verdad es que no.
Se acabó.
Vuestra apatía e indiferencia han contribuido más a destruir siglos de derechos y libertades ganados con esfuerzo que cualquier ejército permanente hubiera soñado conseguir. Sin disparar un solo tiro, hemos renunciado a todo por absolutamente nada.
Vuestra empatía suicida, vuestra filantropía telescópica y vuestra tolerancia terminal de lo intolerable han sentado las bases de nuestra caída. Y hemos caído bajísimo.
Vuestra apatía colectiva, vuestras cómodas vidas y vuestra ingenuidad han asegurado que el mundo en el que todos crecimos ya no exista. Ya no somos una sociedad democrática libre. Ya no somos una sociedad de alta confianza. Ya no somos un lugar seguro para las mujeres. Para la infancia. Para las lesbianas y los gays. Para los cristianos. Para cualquiera que no esté dispuesto a aceptar las condiciones inaceptables en las que nos encontramos.
Hemos permitido que nuestras voces sean silenciadas durante décadas. Que nos hayamos dividido y polarizado. Que la virtud y la emoción prevalezcan sobre el sentido común y los hechos. Que las ideas y las palabras sean clasificadas como inaceptables. Como racistas. Como intolerantes. Como discurso de odio. Todo ello mientras se promueve una discriminación abierta y clara y un doble rasero. Racismo real disfrazado con palabras orwellianas como «inclusividad», «diversidad» y «equidad».
Durante casi 20 años hemos sido testigos de la lenta marcha hacia esta supuesta utopía que, en realidad, es todo lo contrario. No sólo es distópica, es el infierno en la tierra.
Puede que leáis esto y penséis que no es más que una hipérbole. Nada más que una exageración. Nada más que los gritos frustrados de alguien que sueña con volver al pasado. Puede que tengáis razón en esto último.
Pero no es una exageración. Es la realidad. El hecho de que esta realidad esté tan mal os muestra que más vale que os preparéis porque aún no habéis visto nada.
Las cosas van a empeorar mucho antes de que tengan la oportunidad de mejorar. Si es que eso es siquiera posible en este momento.
Nuestro nivel de vida se desplomará. Nuestras facturas aumentarán. Nuestros derechos disminuirán con cada año que pase. Nuestra seguridad estará cada vez más en peligro. Muchos de nosotros ya tenemos miedo de caminar por las calles de noche. A ver¿en serio creéis que va a estar mejor dentro de 5 años? ¿Dentro de 10 años?
Sí, claro.
Nuestra privacidad dejará de existir. Nuestra relación con el Gobierno cambiará para siempre. Éste se convertirá en nuestro amo y nosotros en sus sirvientes. Todo se invertirá, como ya ha ocurrido.
Y aun así, os encogeréis de hombros y diréis: «Es lo que hay».
Algunos de vosotros os preguntaréis por qué ya no me molesto en publicar nada. ¿Para qué?
Nada de lo que escriba va a cambiar el rumbo de los acontecimientos. Nada de lo que diga o haga va a movilizar a suficiente gente como para plantar cara o provocar el cambio que llevamos tanto tiempo reclamando.
No hay forma de salir de esta locura votando.
Todo lo que veo es la lenta muerte de Occidente, retransmitida en directo las 24 horas del día, mientras los propios arquitectos y promotores de este infierno se hacen los tontos, pretenden hacernos que no saben qué está pasando o, lo que es peor, minimizan o atacan a aquellos de nosotros que alzamos la voz. Siglos de progreso anulados en una generación.
Nos dirigen hombres y mujeres débiles que nos odian y que hacen lo imposible por ascender a sus compañeros de viaje que odian todo lo que nosotros apreciamos.
Ya se trate del transgenerismo o del islam, en esta tierra servil, la cola menea al perro. Y no puede pararse.
Los gobiernos de toda Europa han ignorado a su pueblo durante 20 años. Estuvieron a punto de destrozar la sociedad con el C-19 con sus mandatos poco éticos y sus medidas punitivas. Y todo ello con el apoyo de la mayoría. Eso demuestra que hemos tocado fondo.
Aprovechad al máximo, mientras podáis, las pocas libertades de las que aún disfrutamos hoy. Porque el ritmo del cambio que todos hemos presenciado se está acelerando. Salvo que se produzca algún milagro o intervención divina, el camino que nos espera está claro.
Aferraos a vuestros seres queridos.
Rezad para que me equivoque.
O luchad. Mientras aún podamos.


6 respuestas
Lo que ha sido muy evidente para mí fue el valor social con que han vendido el multiculturalismo, se nos ha dicho que debemos respetar culturas diferentes, que debemos aprender de ellos. Así estamos
Porque ya sabes, todas las culturas son válidas y hay que respetarlas, cualquiera que sean sus costumbres. Y, de paso, tenemos que odiar la nuestra, o ¡¡¡racismo supremacista blanco!!!
Es necesaria una revolución,un cambio. Vivimos bajo una dictadura disfrazada de ¿democracia?. Los políticos viven en su burbuja,en ellos no hay un atisbo de sentido común. Legislan en contra del ciudadano y parece que nos quieren llevar al abismo: inmigración descontrolada,defensa suicida del islam, sumisión a los estados unidos y ya lo último es hablar de guerra con Rusia. Si hay que entrar en los parlamentos y ejecutar a la escoria que nos gobierna, habrá que hacerlo. O ellos o nosotros.
Los políticos están tan alejados de la vida diaria de un votante normal que da pavor. No tienen ni idea, y tampoco quieren enterarse porque va en contra de sus intereses, ¿a cuántos políticos honrados conocemos, sean del partido que sea?
¿Y de todo eso el capitalismo no tiene ninguna responsabilidad?
Desde la caída del muro, la perdida de derechos y la desaparición del estado del bienestar han ido de mal en peor. Nuestro individualismo, egoísmo y falta de solidaridad han hecho que la explotación de las personas y el capitalismo salvaje vayan en aumento. Eso es lo que, ante todo, deberíamos cuestionarnos.
El capitalismo sí tiene alguna responsabilidad, por supuesto. El «ante todo», no lo veo. Qué fácil me parece culpar al capitalismo de todos los males. Fácil y torticero.