
El Gobierno británico ha prohibido recientemente la entrada al Reino Unido al escritor francés Renaud Camus. ¿Su delito? Ni incitación real, ni violencia, ni infracción de la ley, sino una idea controvertida.
Camus, creador de la teoría del «Gran Reemplazo», tenía previsto intervenir en una Gran Conferencia sobre Remigración organizada por el Homeland Party (Partido de la Patria), así como en la Oxford Union (una sociedad privada de debate). Su autorización electrónica de viaje (ETA) había sido aprobada. Luego, de repente, fue revocada. El Ministerio del Interior declaró que su visita «no era favorable para el bien público».
En cambio, Julius Malema, una figura política sudafricana que canta abiertamente «Matar al bóer» en mítines, glorifica la violencia racial y promueve la expropiación de tierras sin compensación, fue bien recibido.
Esto no es una metáfora. A Malema se le permitió entrar en el Reino Unido en mayo de 2025 para dirigirse a sus seguidores en Londres. La única razón por la que se retrasó su llegada fue el puente del primero de mayo. Cuando se quejó de ello, el Alto Comisionado británico emitió una disculpa servil, asegurándole que el retraso del visado era meramente burocrático, no moral.
El mensaje no puede ser más claro: se criminalizan las ideas de la derecha, pero se consiente el odio de la izquierda.
Toby Young lo ha expuesto recientemente en detalle en su excelente entrevista en GB News a raíz de la decisión sobre la apelación de Lucy Connolly (que fue condenada a 2 años y 7 meses de cárcel por un tuit). Su conclusión: el Reino Unido ya no defiende la libertad de expresión como principio, sólo defiende el discurso autorizado. Puedes cantar sobre matar agricultores blancos, siempre que tu política cumpla con los criterios oportunos. Pero, ¿si presentas una teoría sociológica sobre el cambio demográfico? Estás vetado.
Seamos claros: la teoría de Renaud Camus es provocativa. Plantea preguntas incómodas sobre la identidad, la cultura y la inmigración. Se puede cuestionarla o rechazarla. Pero silenciarla por completo, mientras se da la bienvenida a la violencia política real vestida de chic revolucionario, no sólo es hipócrita. Es peligroso.
Una sociedad que castiga las ideas, pero excusa la incitación no está protegiendo sus valores. Está transmitiendo su miedo.
Camus, un intelectual de edad avanzada sin antecedentes de violencia, fue tratado como una amenaza para la seguridad nacional. Malema, que ha aparecido ante multitudes coreando eslóganes genocidas, fue tratado como una celebridad menor incomodada por las colas del aeropuerto. Esto no es política. Es ideología disfrazada de ley.
Una vez más, el Reino Unido ha puesto de manifiesto el funcionamiento de su sistema de doble rasero. Se ha detenido a ciudadanos británicos por citar a Churchill, malgenerizar a alguien en Internet o sostener pancartas en silencio. Pero un político extranjero que llama al levantamiento racial es bienvenido, porque su furia fluye en la dirección aprobada.
Gran Bretaña solía ser un lugar donde podías decir lo que pensabas, siempre que no incitaras a la violencia. Ahora es un lugar donde puedes incitar a la violencia, siempre que pienses lo que te mandan.
Renaud Camus fue vetado no porque supusiera un riesgo, sino porque presentaba un reto, un reto a la narrativa dominante. Eso lo convierte, en la Gran Bretaña de hoy, en alguien más peligroso que un hombre que canta sobre matar a sus compatriotas.
Malema puede entrar, Camus no. Y eso, tristemente, lo dice todo sobre quiénes somos hoy en día.

