Guerra a tres bandas contra las mujeres

 

Estamos en medio de una guerra ideológica a tres bandas. Es mundial, sigue el modelo del mito patriarcal de la Trinidad cristiana y trata del control sobre las mujeres.

La actual guerra ideológica a tres bandas puede verse como una representación y recreación del mito cristiano. Es una lucha entre los dioses: dios padre (patriarcas, derecha, es natural que se domine a las mujeres, como Putin, el Papa, Matt Walsh, David Starkey), dios hijo (fratriarcas, izquierda, fraternidades, socialistas, como Trudeau, la Unión Europea, las Naciones Unidas, la BBC en el Reino Unido) y dios espíritu santo (transiarcas, generistas, hombres que rompen los límites y dicen haberse convertido en mujeres, como Dylan Mulvaney, Eddie Izzard).

La guerra es por las mujeres, como por la tierra, o el territorio, o los recursos, o las personas. Es una guerra sobre quién nos conseguirá, quién nos controlará, así que es una lucha entre hombres y el vencedor se quedará con nosotras. Pero también es una guerra por las mentes y las almas: luchan por conquistar los corazones y las mentes de las mujeres, así como por conseguir el control sobre nosotras. Para ganar esta guerra, también necesitan ganarse a las mujeres, ofrecernos algo para conseguir nuestro consentimiento, nuestra sumisión reticente o incluso nuestro alistamiento entusiasta. Es complicado para los hombres, porque tienen que andar con pies de plomo. Tienen que indicar que los hombres que les sigan obtendrán su presa, su botín: una mujer o algunas mujeres. Pero también tienen que convencer a suficientes mujeres para que se crean el trato. Podrías verlo como esas iglesias que han ido perdiendo feligreses y ahora anuncian su versión del cristianismo con el objetivo de que el rebaño vuelva a sus bancos.

Los hombres luchan para derrocar el patriarcado. Discuten sobre la mejor manera de dirigir el patriarcado. A veces, algunos de sus argumentos y acciones coinciden con algunos de los nuestros, pero ninguno de ellos quiere mujeres libres, sino rebaños más grandes. En esta lucha a tres bandas es crucial que las mujeres recordemos que el enemigo de nuestro enemigo no es nuestro amigo. La guerra es contra nosotras, las mujeres, las hembras, y todos ellos son nuestros enemigos.

Para ilustrar lo que está pasando, imaginemos un estadio. En el centro, en un escenario, hay tres hombres en triángulo, frente a frente preparados para el combate, en el ruedo. Llevan micrófonos y cámaras corporales. Una multitud los mira, ondeando banderas, animando a su campeón. Grandes pantallas muestran primeros planos de sus rostros y altavoces amplifican sus palabras para que todo el mundo pueda oírlas. En el centro, entre los tres hombres, hay una hermosa joven que parece insegura. Tendrá que elegir a uno de ellos y acercarse a él. Ese será el ganador. El público también votará. El primer hombre es mayor, sesentón, barbudo, fuerte, autoritario, conservador. Es Dios padre, el patriarca, vestido de azul. El segundo hombre es más joven, de unos treinta años, lleva una camiseta roja del Che Guevara. Tiene una estrella roja socialista tatuada en su musculoso bíceps. Es el hijo de Dios. El tercer hombre es aún más joven, un drag queen de unos veinte años, con el pelo largo, vestido rosa, tacones altos, pintalabios y esmalte de uñas. Es Dios Espíritu Santo. Cada hombre lleva auriculares y recibe argumentos de los equipos de seguidores. Muchos de los partidarios son mujeres, que dan ideas a los hombres, contentas de que sus palabras sean pronunciadas, de que sus ideas sean compartidas en el ruedo.

La multitud ondea sus banderas para mostrar a quién apoyan: azul para el patriarca, roja para el fratriarca y rosa para el transiarca. Pero la mayoría de la multitud permanece en silencio, sin banderas, sin posicionarse. La escena está preparada, pero espera, entre las multitudes azules y rojas, hay un pequeño grupo con banderas moradas, verdes y blancas, cantando, liderado por una mujer de mediana edad con el pelo corto y gris. Se puede descifrar: «Si una persona tiene pene es un hombre». Son las feministas radicales, muchas con camisetas de hembra humana adulta. Pero el resto de la multitud ahoga su canto y el comentarista oficial atrae nuestra atención, diciéndonos que el espectáculo va a comenzar. En un momento dado, una de la multitud rosa se abalanza sobre una feminista radical y le arrebata la bandera. Los de seguridad se dan cuenta y expulsan a las mujeres del estadio por causar problemas.

Empieza el patriarca. Le da la mano a la joven en el centro del estadio y le dice que tendrá libertad de expresión, un hogar seguro y dignidad. Utiliza el argumento de la naturaleza. Es natural que las mujeres y los hombres sean sexos diferentes y desempeñen papeles complementarios diferentes. Toda esta nueva tontería feminista posmolerda es horrible. Apoya los deportes sólo para mujeres. Culpa a los transiarcas de dividir la sociedad e invadir los espacios de las mujeres. Aborrece el apoyo a esta fluidez de género que viene de la izquierda, que son totalitarios. Él proporcionará una comunidad fuerte y estable que ofrezca protección dentro del capitalismo. Es un buen padre de familia, va a misa y desconfía de los motivos del fratriarca: ¿por qué promueve que los drag queen lean cuentos a los menores?

Utiliza algunos de los argumentos que han articulado las feministas durante años, pero sin atribuirselos a ellas. En la misma línea, la película de Matt Walsh «¿Qué es una mujer?» no menciona el trabajo realizado por los grupos feministas radicales WOLF y WDI USA, aunque ambos grupos son actores importantes en el debate. Parece que los patriarcas han decidido que la mejor manera de hacer frente a la amenaza de que la joven decida que le gustan más las feministas radicales que los patriarcas es no mencionar nunca que existen las feministas radicales. Después de todo, se da cuenta de que las mujeres con las banderas sufragistas han sido expulsadas del estadio.

Ahora es el turno del fratriarca. Es sindicalista y pertenece a un partido de izquierdas. Trabaja para el gobierno y puede conseguirle a la joven un trabajo en la capital. Tendrá un buen salario y unas buenas condiciones laborales, y este beneficio es gracias a la heroica lucha de la fraternidad (y las hermanas) que lucharon contra el capitalismo para crear un Estado solidario. Tendrá sanidad gratuita, educación, trabajo e igualdad. Habrá aborto libre a la carta y acceso a anticonceptivos. El verdadero problema, dice, es la pobreza y eso afecta más a las mujeres; él es el hombre que va a resolver sus problemas.

Además, el fratriarca, explica, se ha aliado con los transiarcas, que defienden al grupo más oprimido de todos, los LGBTQ++, así que unirse a él será exactamente igual que unirse a los transiarcas, pero tiene de su lado la gloriosa historia del socialismo y todas esas profesiones y organizaciones, todas esas hermandades de las que formar parte. Será considerada justa y virtuosa si se une a su grupo.

El joven transiarca es el siguiente. Se despoja de su abrigo rosa y revela un cuerpo glorioso en un vestido mínimo. No se dirige a la joven, sino a la multitud, primero a aquellos que visten de rosa y luego a toda la multitud en general. Se pone a cantar: «Vamos, venga, adórame, sabes que lo estás deseando». El público ruge encantado y una lluvia de purpurina arco iris salpica el escenario desde todas las direcciones. Un hombre vestido de galleta de género entra corriendo y da saltitos por el ruedo. Sonríe con condescendencia a la joven y le dice que es guapísima y que puede formar parte de su pandilla. La invita al estreno de su nuevo espectáculo en el West End y le da un abrazo. No querrás ir con esos viejos, le dice: «Ven conmigo y hagamos que el feminismo vuelva a ser divertido».

Terminados los discursos de apertura, ahora vienen las mujeres de apoyo. El patriarca saca a hablar a una madre conservadora, el fratriarca tiene a una política para reiterar los beneficios de la fraternidad y el transiarca está apoyado por «una mujer trans», un joven varón con pintalabios que cuenta entre sollozos cómo lucha valientemente contra la intolerancia en su universidad. La madre conservadora ataca a la inmoral hora de cuentos drag queen, la política socialista ataca al patriarca por antiabortista y «la mujer trans» ataca a los patriarcas por prohibir a los cuirs en Hungría. Como esta guerra es sobre las mujeres, nuestra palabra, nuestros cuerpos, sobre si somos una clase o casta sexual y porque los hombres quieren ganarse a las mujeres, nos están utilizando a nosotras y a nuestros argumentos para ayudarlos.

Los hombres toman nuestros argumentos, los retuercen y les dan forma para que se adapten al patriarcado y luego los vuelven a vender a la población como si fueran suyos. Sacuden las ideas y encuentran la manera de ganar dinero con ellas, y luego les venden esta oferta distorsionada de liberación a la población desesperada de mujeres jóvenes. Como controlan los medios de comunicación, nos silencian. Es como si las grandes farmacéuticas vendieran la TRH (Terapia de Reemplazo Hormonal) como cura para la menopausia, financiaran páginas web y artículos que problematizan la menopausia, dieran un altavoz a las mujeres que lo pasaron mal durante el cambio y silenciaran a las que descubrimos que el té de salvia y un largo paseo eran suficientes. Bueno, peor que eso, pero parecido.

Es esencial que, si la joven va a elegir a uno de los hombres, no mencione nunca a las verdaderas feministas radicales, cosa que hacen todos los hombres. Es útil, para que esto funcione, vilipendiar a las feministas radicales, advertir a la joven de que las feministas radicales son lo peor de lo peor, demonios en relación con esta divina Trinidad. Este trabajo lo hacen muy bien las mujeres de apoyo, que son recompensadas con honores y trabajos bien remunerados.

Pero no te equivoques, ninguno de estos hombres quiere que las mujeres sean libres. Cuando esta lucha termine, se volverán contra nosotras con renovada energía. No quieren mujeres libres, quieren rebaños más grandes. La Trinidad son las tres caras del dios patriarcal y ese dios es uno. Los hombres pueden preferir una cara, digamos dios padre, pero sacan al hijo o al espiritu santo de vez en cuando. Otros pueden preferir al espíritu o al hijo, pero hacen referencia al padre cuando es necesario. Detrás del conflicto está la unidad: el trío creado por el hombre ha funcionado bien para controlar a las mujeres durante dos milenios y están utilizando esa estructura de nuevo, de forma sublimada.

Esta forma de ver las guerras de género surge de la idea de Mary Daly de que los mitos creados por el hombre estructuran la sociedad y moldean el futuro. Nuestro trabajo consiste en romper ese patrón y abrirnos un camino diferente.

Artículo original

6 comentarios

  1. Muy clarificador el escenario que has explicado. Totalmente de acuerdo.
    Aunque hay algo en lo que no estoy de acuerdo en absoluto. La menopausia se vive de muchas maneras porque sus síntomas se dan en grados diferentes en cada mujer. Hay quien lo pasa muy mal y hay quien no se entera. Pero el patriarcado siempre lo ha quitado importancia, igual que siempre se lo quitó a las reglas dolorosas. Y como resultado tenemos una sanidad que no atiende esta etapa tan importante en la mujer, la ignora. Te puedo asegurar que a muchas mujeres no nos soluciona el té de salvia. Algunas llevamos más de 10 años sin librarnos de los síntomas.
    Un abrazo.

    1. ¡Hola, Verónica! Estoy de acuerdo, Jo simplificó demasiado el asunto de la menopausia, como si no fuera un problema muy serio para muchas mujeres. A mí tampoco me arreglaría casi nada la salvia, aunque reconozco que los paseos me cambian el humor. Creo que hay que leerlo en el sentido en el que está escrito, aunque quizá el ejemplo no fuera el mejor.
      Un abrazo de vuelta.

  2. Hola! Nuria
    Me he quedado fría, porque al leer este artículo se me han representado claramente los tres grupos de hombres pues le veo visos de realidad. Tremendo!
    Y me pregunto, ¿qué hacen la masa de mujeres que está al margen de los tres grupos masculinos y trans? y que hacen igualmente los hombres , si los hay al margen?
    Y en que estamento se da el feminicidio?, y hay muchas preguntas, pero también miedo, por eso me he quedado helada….

    1. ¡Hola, Lola!
      Creo que ayuda a dar un nombre a ciertas actitudes y tendencias, pero me parece un artículo bastante pesimista, y es que la realidad no nos da muchos motivos de celebración. Sí, ¿qué hacemos las mujeres que no queremos nada con ninguno de los tres grupos?
      ¿No crees que el feminicidio se da en los tres? Después de todo, todos son hombres.
      Te mando un abrazo.

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