Londres, mi Londres

 

The tube, Blog de Salagre

El declive y la decadencia de Londres son una realidad, y sinceramente, es deprimente verlo.

Nací y crecí en Londres. He vivido por toda la ciudad, he trabajado en muchos sitios y he pasado tiempo en prácticamente todos sus rincones. Conozco este lugar como la palma de mi mano. Lo bueno, lo malo, lo extraño y lo maravilloso. Es mi ciudad.

Me encanta este lugar. A veces lo odio, pero esa es la relación que se tiene con tu ciudad natal, ¿no? Está permitido, ¿vale? Pero ahora mismo no es sólo una relación de amor-odio. Es dolor. Me duele el corazón ver cómo se deteriora de esa manera.

Y ha sucedido muy rápido. Parpadeas y todo ha cambiado. En apariencia, Londres puede seguir pareciendo el mismo —el perfil urbano, los monumentos, las prisas—, pero bajo la superficie, algo se ha roto. Los bordes se han desgastado. El alma se ha enfriado un poco.

Échale un buen vistazo. Sal de la Zona 1. O simplemente camina a casa en lugar de coger el metro, y dime que tú tampoco lo sientes.

La falta de vivienda ha llegado a todas partes. El centro de Londres por la noche parece un campamento de personas sin hogar. Gente en sacos de dormir en el suelo frente a escaparates. Tiendas de campaña debajo de los puentes. Hay comunidades enteras de hombres viviendo en parques, escondidos entre los arbustos, debajo de los pasos elevados. Incluso en la maldita Park Lane. ¿Sabes lo loco que es eso? Park Lane solía significar riqueza en Monopoly y hoteles de cinco estrellas. Ahora son tiendas de campaña y gente defecando en los arbustos.

Poblado de tiendas en Park Lane, Blog de Salagre
Park Lane

La delincuencia ha aumentado y ya nadie se sorprende. Es como si todos nos hubiéramos acostumbrado. Ves a alguien robando descaradamente en una tienda y nadie pestañea. Nadie hace nada. Incluso los guardias de seguridad se limitan a mirar, quizá grabarlo, pero nada más. Porque, ¿para qué? No pasa nada.

¿Viajar sin pagar? Ahora es lo normal. Si pagas el precio completo por tu viaje, eres un pringado. Así es como se siente.

La gente en el transporte público es agresiva.

Y Londres tiene una banda sonora completamente nueva estos días: clic-clic-clic, el zumbido eléctrico de las bicicletas eléctricas robadas o cogidas sin pagar que pasan volando a 50 km/h. Sin cascos, sin luces, sin miedo. Solo pasamontañas y bolsas de Deliveroo, zigzagueando entre el tráfico como si fuera un videojuego.

Los robos de teléfonos son tan frecuentes que han puesto señales de advertencia en las aceras.

Londres, Blog de Salagre

Cada hora se denuncia una violación en esta ciudad. Eso no es sólo un delito. Es una crisis en toda regla.

Ahora hay grafitis por todas partes, incluso en el maldito metro. Basura tirada por el suelo, vertidos ilegales, colchones abandonados en las aceras, bolsas de basura rotas y desparramadas por la carretera. Es como si a nadie le importara ya nada. ¿Y por qué iba a importarle?

Londres, Blog de Salagre

Pero no se trata solo de las estadísticas o del desorden. Es la sensación que transmite el lugar.

Londres nunca ha sido una ciudad blandita y amorosa, ya lo sabemos. No somos conocidos por nuestra cordialidad ni por nuestras charlas espontáneas en la parada del autobús. No es nuestra cultura. Pero antes había… No sé. Un bullicio. Un orgullo. Un poco de respeto mutuo incluso en medio del caos. Ahora es como si todo el mundo estuviera enfadado. Todo el mundo está harto. Todo el mundo está a punto de estallar.

La gente grita más en la calle. No de una manera rara o excéntrica, sino que grita de verdad. Rabia al volante, discusiones, gente retándose en la acera a plena luz del día. Ahora hay tensión. Como si toda la ciudad estuviera a un mal día de estallar.

¿Los jóvenes? Ya ni siquiera lo sé. ¿Qué les pasa? Todo el mundo graba todo, intentando hacerse viral. ¿Y los que no lo hacen? Están en pandillas, o vendiendo Dios sabe qué, o dando vueltas como pequeños soldados de asalto en esas bicicletas eléctricas, con pasamontañas y haciendo la peineta.

¿Y qué hay de los mendigos en los semáforos? Han vuelto. Gente caminando entre los coches, con las manos extendidas, golpeando las ventanillas. Eso desapareció por un tiempo, pero ha vuelto como todo lo demás.

Incluso las pequeñas cosas ya no son lo que eran. Como hacer cola. Sé que suena tonto, pero hacer cola para el autobús solía ser algo habitual aquí. Ahora es un caos. Sin orden. Sin modales. Sólo empujones y miradas al suelo.

Ahora tenemos marchas semanales. Banderas palestinas por todas partes. Y sí, todo el mundo tiene derecho a protestar, pero si estás en el lugar equivocado en el momento equivocado, la situación puede ponerse tensa rápidamente. Lo he sentido.

Luego están los repartidores. Cientos de ellos, alineados como una flota, esperando. Ahora ocupan calles enteras. A las puertas de los restaurantes de pollo frito, a las puertas de los pisos nuevos. Es como si la ciudad ya no fuera para las personas, sino un gigantesco centro de servicios, gestionado por aplicaciones y patinetes.

¿Y sinceramente? Todo empieza a parecer una distopía al estilo de WALL-E.

Hombres sentados bebiendo en los parques todo el día, niños grabando peleas para ganar popularidad, adultos demasiado agotados o asustados para intervenir. Las tiendas están tapiadas o son las mismas cinco cosas que se repiten en todas las calles principales: tienda de cigarrillos electrónicos, barbería, licorería, reparación de teléfonos, y vuelta a empezar.

Incluso Oxford Street parece ahora un lugar peligroso. Y ya sabes a qué me refiero. Pasas por delante de tiendas que parecen… raras. Carteles falsos, sin marca clara, productos que parecen robados. No es solo que yo sea nostálgica, es que realmente ha cambiado.

Y sé que la gente dirá que así es como evolucionan las ciudades. Dirán que estoy exagerando. Que Londres siempre ha sido una ciudad dura. Que esto es sólo una nueva era. Pero no. No es lo mismo. No es solo una fase difícil. Es un declive.

Y sé que no es sólo Londres. Es en todas partes. He salido de la ciudad. La podredumbre se ha extendido. Pero Londres me afecta de otra manera. Porque es mi hogar.

Ni siquiera sé por qué empecé a escribir esto. Supongo que necesitaba decirlo en voz alta. Porque camino por estas calles y sé que no lo estoy imaginando.

Las cosas han cambiado. Y no para bien.

Tengo la edad suficiente para recordar cuando «cambio» significaba progreso. Nuevos edificios, mejores servicios, más oportunidades.

Esto no es eso.

Esto es un retroceso.

Y duele.

P.D. Y, por favor, antes de que me vengáis con que estoy equivocada, que no sé de lo que hablo o que «Londres es una preciosidad», déjalo. Sé que todavía hay lugares hermosos. Sé que los parques siguen floreciendo en primavera, sé que todavía hay gente feliz, buenas noches de fiesta, rincones mágicos. Y sí, también veo todos los edificios nuevos y relucientes, pero también sé a ciencia cierta que nadie que yo conozca podría permitirse vivir en ellos. Entonces, ¿qué sentido tiene? ¿Para quién son?

Esa no es la imagen completa. Nunca lo es. No niego lo bueno, sólo digo que lo malo es cada vez más difícil de ignorar. Se está colando por los bordes y ahora también está justo en medio.

He vivido aquí toda mi vida, 40 años. Nací y crecí aquí. He visto este lugar en sus mejores y peores momentos. No soy una turista que se queja por quejarse. Este es mi hogar. Lo amo, por eso estoy desesperadamente triste. Por eso estoy enfadada. Porque sé lo que era. Y puedo sentir en lo que se está convirtiendo.

Mi experiencia es válida. Tengo derecho a decir estas cosas.

Si ni siquiera podemos hablar con honestidad sobre lo que está pasando en nuestra propia ciudad, es que nos hemos vuelto locos.

De un hilo de X

2 respuestas

  1. Hola, me gusta que ha reconocido que «Londres nunca ha sido una ciudad blandita y amorosa, ya lo sabemos. No somos conocidos por nuestra cordialidad ni por nuestras charlas espontáneas en la parada del autobús. No es nuestra cultura. » Fue exactamente lo me pasó viviendo allí por un mes, casi 30 años atrás. Debe ser muy desolador ver hasta qué punto se ha permitido reconocer que las normas y reglas para vivir en sociedad no tienen más valor respetarlas, y es un viva la pepa!

    1. Pues vivimos en Londres al mismo tiempo, Ani, qué gracia. Yo adoraba el orden y la educación, el por favor, perdón y gracias para todo. Ya por aquel entonces, y todavía sin la etiqueta de racista, me daba cuenta de que las que siempre se colaban, y de malas maneras, eran las señoras nigerianas (cuando vives en Londres un tiempo, aprendes a reconocer muchos atuendos típicos). No quiero volver, me partiría el corazón, fueron 7 años buenísimos, y me resultó muy difícil irme de allí.

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