
Ayer, 23 de abril 2026, JK Rowling sorprendió a las feministas que no estaban prestando atención con el siguiente tuit:

«No ha cambiado nada. Estaba siendo sincera sobre lo que siento hacia una mujer trans que conozco, que antes de su transición era un hombre gay y a quien conocí por primera vez después de su transición. Hablando con objetividad, ella tiene características físicas que dejan bastante claro que no nació mujer, pero (ella) es una persona amable y divertida a la que siempre me he referido usando pronombres femeninos. Me resulta muy fácil conciliar mis sentimientos de cariño hacia ella y mi percepción de ella como alguien con una energía (codificada como) muy femenina, con la creencia de que no ha cambiado literalmente de sexo (y, por cierto, ella tampoco cree que haya cambiado literalmente de sexo)».
Ese tuit era una continuación a este, en donde decía: «Las personas trans existen. No deseo en absoluto que dejen de existir; de hecho, les deseo seguridad, felicidad y salud. Sin embargo, la «existencia» no implica, ni debe implicar, la violación del derecho de otras personas a la intimidad, la dignidad y la libertad de expresión, ni la reconfiguración de la sociedad para satisfacer una falacia».

Analicemos el lenguaje: utiliza los términos «mujer trans», «transición», «energía (codificada como) femenina», «personas trans». Se refiere a su amigo travesti con pronombres femeninos. Su mascota trans.
Aquí es imperativo recordar que JK Rowling es la escritora más exitosa de nuestro tiempo, nadie como ella maneja el lenguaje. Es evidente que las palabras que usó fueron escogidas cuidadosamente. ¿Qué me dicen esas palabras?
- Que cree en el concepto de «trutrans», o «transo de verdad», que es ese ser mitológico que al cortarse la polla y añadirse tetas falsas, se convierte en mujer.
- Cree, por consiguiente, que los seres humanos pueden cambiar de sexo.
- Que es homófoba y cree en «transing the gay away», que se podría traducir como «haciendo trans al gay para que desaparezca». Esta frase es una parodia de «praying the gay away» (rezar para que se vaya el gay), que se refiere a las terapias de conversión religiosas que intentan «eliminar» la homosexualidad mediante la oración. Es decir, su amigo «antes» era gay, pero ya no lo es porque «transicionó». ¿A qué? Pues a «trans», que no es ni mujer ni hombre. Rowling descubriendo el tercer sexo.
- Que parece adherirse a los estereotipos sexuales: como su amigo (gay) es una persona amable y divertida, lo trata en femenino.
- Que refuerza esos estereotipos al sacarse de la manga la expresión «energía (codificada como) muy femenina».
- Que ve el lenguaje femenino como un premio que darles a los hombres que realmente se esfuerzan en imitar a las mujeres.
- Que le importan los derechos de las mujeres menos de lo que la gente cree. Porque, si las mujeres no tenemos un lenguaje específico que sólo se aplica a nosotras, ¿cómo podemos defender nuestros derechos? En la hipotética frase «yo lucho por los derechos de todas las mujeres, de mis amigas y de mis enemigas», si incluyo a mi mascota trans, que es un hombre gay al que me dirijo en femenino y al que llamo «mi amiga», no estoy luchando por los derechos de las mujeres, sino de todo dios.
Tiene razón en que «no ha cambiado nada», lleva años repitiendo el discurso del «transo de verdad». Lo comento en este artículo que escribí hace ya tres años: «no entiendo que siga hablando de «mujeres trans», como si tal cosa existiera, y sabiendo mejor que nadie la importancia del lenguaje«.
Así que no, no ha cambiado. O, diría yo, no ha aprendido nada en todos estos años. En su famoso post de 2019 «Vístete como te apetezca. Llámate como quieras.» no parece importarle el hecho de que vivimos en sociedad, que no vamos a una entrevista de trabajo en bikini ni a un entierro en pijama, y que los hombres que imponen sus fetiches sexuales al público están cometiendo exhibicionismo. Si ese exhibicionismo se hace ante menores, es delito, según el artículo 185, página 79 BOE, Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal.
Pero lo que me parece muy sospechoso es el timing del asunto.
Tres horas antes, su amiga y periodista Julie Bindel publica un artículo en Unherd
‘On the push for self-identification in the UK, McLean tells me in an interview: “Those men desperately wish to access women’s spaces, which makes it dangerous for those women and girls. That’s a fact.”’https://t.co/vZtZHCJs7H
— Julie Bindel (@bindelj) April 23, 2026
El artículo es una elegía a un travesti, su amigo «Claudia», un gay que se castró en los 80 y que se arrepintió inmediatamente. Por supuesto, usa pronombres femeninos para referirse a él, lo llama «su amiga», habla de «transición» y de su vida «como mujer».
Otra vez el concepto de «trutrans», «transo de verdad»:

Después del post de Rowling, salieron a defenderla varias cuentas de abogadas feministas.
Sarah Phillimore es una abogada británica especializada en derecho de familia y protección de menores, que parece pensar que los emojis están escondiendo payasos reales, no pollas, así que «no puedes dar por sentado que son «pervertidos adicto al porno»».

Akua Reindorf es una abogada especializada en derecho laboral y discriminación que piensa que la gente no tiene derecho a la verdad.

Audrey Ludwig es abogada, pero no ejerce. Es formadora y consultora en materia de cumplimiento de la legislación sobre igualdad, y parece no saber que «ella» es un pronombre femenino, no de género neutro.

Estoy viendo cosas que me hacen pensar en un ataque concertado. El post de Rowling era completamente innecesario, lo escribió en respuesta al post de un transgenerista para decir que sí, que «las mujeres trans existen». Me parece que todo esto está siguiendo un plan, algo está pasando. No sé lo que es, pero estoy convencida de que no nos va a beneficiar a las mujeres.

