De un hilo de Lorelei en X, a raíz de la petición de los Laboristas británicos de ampliar la muerte asistida, aquí un artículo en español.
No hablo mucho aquí (en X, ex Twitter) de mi enfermedad ni de lo limitante que ha sido mi discapacidad desde la adolescencia. Me gusta creer que estoy mejorando y que hay al menos cien cosas más interesantes en mí que el dolor que sufro todo el tiempo.
Pero me dan escalofríos cuando oigo hablar de la posibilidad de la muerte asistida en este país (Reino Unido).
Sé que, al igual que con el contagio del suicidio, personas que de otro modo no habrían muerto se verán arrastradas a ello si convertimos la muerte en una opción. Me preocupa que la gente que conozco y que ya está al borde del abismo se vea empujada a hacerlo en lugar de recibir ayuda real.
Todo lo que puedo prever como consecuencia de una sociedad que empieza a menospreciar a las personas con discapacidades y a los enfermos terminales es cómo se utilizará para perjudicar a esos grupos. Cómo se utilizará para evitar ofrecer a la gente con discapacidades y a los enfermos graves recursos, investigación y ayuda material.
Al igual que en otros países, la muerte se convertirá en una buena solución a un mal problema, en lugar de un último recurso.
Al igual que en otros países, es probable que no se detenga en los enfermos terminales. Aunque empiece por ahí.
Cuando se abre la caja de Pandora, salen todas las tinieblas.
Y donde los políticos y burócratas puedan escatimar y ahorrar, lo harán.
Aunque no desvíen activamente a los enfermos vulnerables hacia la elección de la muerte, habrá horrores.
Cuando creen condiciones insostenibles para la gente enferma y con discapacidades, cosa que ya han hecho, habrá quienes se vean obligados a elegir no vivir en esas condiciones.
Cuando los familiares sean abusivos, o los cuidadores escasos, o la pobreza elevada, la gente optará por no vivir no porque quiera, sino porque es la única opción sobre la mesa para cambiar las circunstancias.
Creo que, como sociedad, es importante que mantengamos la esperanza y el respeto por la vida. No soy religiosa, pero no creo que haga falta serlo para pensar que la vida debe valorarse más que esto.
Por supuesto que hay gente que sufre terriblemente y que quiere morir. Lo que tienen algunos es terminal y degenerativo, y es horroroso que tengan que enfrentarse a eso.
La idea de que la respuesta a esta crueldad de la naturaleza es hacer legal que este país ayude a matarlos es una solución extremadamente peligrosa. Los médicos siempre han facilitado el camino en la medida de lo posible, y los cuidados paliativos pueden mejorar aún más.
En cambio, cuando se plasma sobre el papel el derecho a ayudar a matar, se cambia el objetivo de la medicina de sanar a algo totalmente distinto.
Ni siquiera podemos confiar en que el ayuntamiento arregle los baches de las calles con eficacia la mayoría de las veces. Dime un gobierno reciente que no haya sido un desastre en algún área crucial. Y hay un escándalo médico grave cada cinco o diez años.
Pero confiemos a las autoridades la vida o muerte de los más vulnerables de entre nosotros…
Creo que es importante que la energía, el ímpetu y el dinero destinados a los enfermos, los que tienen discapacidades e incluso los moribundos, se destinen a la vida y a mejorar la calidad de vida en lugar de simplemente a proporcionar la muerte.
Y si no crees que corremos el riesgo de que se convierta en una situación de tener que escoger entre una cosa u otra, es que no entiendes a la gente que está al mando o la forma en que un ethos se infiltra en las cosas y provoca una cascada de efectos. Una ética de la muerte conducirá a la muerte, y en mucha mayor medida de lo que nos prometen.
Deberíamos hacer los días más fáciles, cuando podamos, hacerlos más amables, pero ¿desde cuándo el Estado está cualificado para saber con cuáles vidas acabar?
Y cuando el NHS (Servicio de Salud británico) está pasando apuros, el hecho de que el gobierno se centre en reducir el número de pacientes extremadamente enfermos de esta manera es especialmente preocupante.
No hace falta sospechar mala intención para predecir el daño.
Si una persona quiere morir y está en su sano juicio, sólo ella puede poner fin a su vida de forma ética, porque esa vida le pertenece. En cuanto intervienen otras personas, el potencial de coacción, explotación, presión y daño crece exponencialmente.
No podremos desmatar a los que están muertos cuando, y donde, todo esto salga desastrosamente mal.
Pero me temo que seguiremos adelante de todos modos.