Comprender a tu Antonella: los daños de la parafilia travestista

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Tu Antonella tiene un fetiche que daña a todos los que lo rodean. Tómate un momento para comprender las implicaciones de la parafilia travestista.

Un hombre que se autoidentificaba como mujer entró en los vestuarios del gimnasio al que iba antes. Se sentó con una erección a ver cómo la clase de mamás y bebés se cambiaba antes y después de nadar. Le dije al encargado que sabía en qué calle vivía. ¿Por qué? Porque allí es donde se encuentra el albergue de delincuentes sexuales en libertad condicional. Trans o no, utilizaba la autoidentificación del sexo como medio para acceder a mujeres y criaturas desnudas. Los hombres con los que estás a salvo, los «buenos», no redefinirían a las mujeres como clase para satisfacer sus impulsos sexuales. No expondrían a mujeres y criaturas a un riesgo mayor para conseguir erecciones. Los hombres buenos no se excitan con la angustia de las mujeres ni se exhiben ante mujeres y menores. Los hombres buenos no personifican una ideología de odio a la mujer. Esto incluye a tu Antonella (artículo en español).

Tu Antonella tiene un fetiche por el cual obtiene placer sexual de la violación de límites y la dominación. Se excita con la fuerza y el miedo. Se llama parafilia travestista, o AGP – Autoginefilia. A veces se le llama simplemente «trans» para hacerlo más aceptable, o «transexual» para intentar que suene científico. Antonella se deleita haciendo que las mujeres a su alrededor se sientan incómodas. Por eso le excita que lo trates de «ella»: le excita hacer que mientas por él. Criado y alimentado por el porno, necesita figurantes que no han dado su consentimiento que le sirvan de sustento. La «sissificación» es siempre bajos sus condiciones. Antonella es un abusón victimitas. El hecho de que te lo imponga a ti y a desconocidos en público significa que ya ha degenerado. Como fetiche nunca será satisfecho y seguirá degenerando.

Cuando leemos los relatos de las mujeres que tuvieron relaciones íntimas con estos hombres, el patrón -comer y vomitar- se hace patente. Los compañeros autoginéfilos redefinen la realidad de su pareja mujer, haciéndole luz de gas, aislándola, chantajeándola emocionalmente y atacando su autoestima. Es maltrato doméstico. Primero, maltrato psicológico y, después, abuso sexual físico. En la historia de cada mujer, el compañero autoginéfilo empieza con algo pequeño y llega a la violación, aparentemente obteniendo excitación sexual del dolor y el miedo de la mujer. La viuda trans «Philomena» relató lo siguiente:

No era mi idea de feminidad. De hecho, su versión me ofendía. Era degradante y violenta. Pensaba que ser mujer significaba querer ser violada y torturada. Le dije que usar correas me lastimaba la cicatriz de la cesárea, que estar atada me asustaba y que prefería sexo cariñoso. Me dijo que quejarse era muy manipulador y egoísta, y que estaba tratando de reprimir su condición de mujer.

Birdbandit compartió esto en Mumsnet:

Una de las cosas que me hace sentir violada es que planeó un fin de semana fuera, antes de la revelación, y básicamente me intimidó para que hiciera cosas con las que no me sentía cómoda… Se gastó una fortuna en juguetes sexuales y disfraces. Pero en realidad, yo era sólo su accesorio, él se excitaba haciéndome sentir incómoda.

Otra mujer que escribió su historia bajo el título «Luz de gas» relató cómo, después de que su marido Paul le revelara que se «vestía de mujer» y ella lo consintiera, incómoda, él empezó a violarla analmente todas las noches. Describió lo siguiente:

Recuerdo la primera noche que Paul decidió probar el sexo anal. No lo habíamos hablado antes. Intenté reconducirlo, pero su insistencia silenciosa era casi como un trance, hasta que, cansada y deseosa de que terminara, cedí y lo odié… Después, cuando le dije que no me resultaba cómodo ni placentero, me dijo que me acostumbraría… Durante varias semanas, noche tras noche, las actividades sexuales por la puerta de atrás continuaron a pesar de mi desalentadora y silenciosa lucha para que parara… Le dije que no me gustaba, que no quería hacerlo, que me dolía… Finalmente, tras semanas así, después de levantarme una mañana sangrando de nuevo, me eché a llorar.

Del mismo modo, la viuda trans Simone cuenta esto:

No quería practicar sexo la mayor parte del tiempo cuando él quería que lo penetrara o tener sexo con lencería puesta. Me hizo cosas con las manos que me causaron daños en el útero, lo que provocó más de 20 años de problemas de fertilidad.

Por favor, dime otra vez que son sólo bragas fetichistas, que sólo es un vestido. Dime que lo que hace a puerta cerrada no es asunto de las feministas. Pero el abuso doméstico y la violación ocurren frecuentemente a puerta cerrada. Tenemos que recuperar el dicho «lo personal es político» y actuar en consecuencia.

El trastorno transvestista se encuentra en el mismo grupo del DSM V que el trastorno voyeurista, el trastorno exhibicionista, el trastorno frotteurista, el trastorno de masoquismo sexual, el trastorno de sadismo sexual, el trastorno pedófilo y el trastorno fetichista, y la mayoría de las veces es comórbido con las parafilias de su otro grupo. ¿A cuál de los otros miembros de esa lista y de los trastornos parafílicos frecuentemente comórbidos pretenden defender con un «pero éste es amable»? ¿Qué pasa con los pederastas, nos dirán que excluirlos es una ‘espiral de pureza’, o que la pederastia tiene ‘matices’? Vemos trastorno voyeurista comórbido con trastorno travestista en los vestuarios y aseos femeninos de todo el país, en estos hombres que rechazan terceros espacios. Vemos el trastorno exhibicionista comórbido con el trastorno travesti en las redes sociales y cada vez que actúan su fetiche en público. Vemos el trastorno pedófilo comórbido (artículo en español) con el trastorno tranvestista en los constantes titulares (artículo en español) y escándalos (artículo en español), las estadísticas penitenciarias (artículo en español), en condena (artículo en español) tras condena (artículo en español). Siempre parece estar al acecho. Cuando la gente argumenta «no mi Antonella» o «no todos los trans» en realidad están diciendo que esta vez, esta persona tiene un cerebro de señora en lugar de un fetiche peligroso. Sí, la ropa es mágica y definitoria. Te están diciendo que ignores el patrón, que ignores la evidencia creciente, que te sometas a la ideología, sólo por esta vez.

Este fetiche sexual masculino ha utilizado con éxito escudos humanos tras los que esconderse. El transexualismo/trastorno travestista fue rebautizado como ‘trastorno de disforia de género’ en 1973/1974 por Norman Fisk porque, como él afirma, ‘es ciertamente mucho más aceptable y no estigmatizante socialmente tener una enfermedad médica legítima que sufrir una supuesta perversión moral, desviación sexual o fetiche’. Esto permitió ampliar los «tratamientos» y los beneficios subsiguientes, como el entrenamiento de voz. Fisk afirmó que:

Obviamente, al liberalizar las indicaciones para la conversión sexual conceptualizando a los pacientes como personas con disforia de género, también nos comprometemos a proporcionar un programa para los pacientes que abarque muchos factores relacionados con una experiencia rehabilitadora integral total. Esto incluye asesoramiento y orientación profesional, terapia de apoyo psicológico y psiquiátrico, clínicas de preparación personal en las que se enseñan, explican y practican comportamientos adecuados, asistencia jurídica y, probablemente lo más beneficioso, la oportunidad de conocer e interactuar con otros pacientes que han superado con éxito la reorientación de género.

En la medicina del estereotipo de los roles sexuales, los pacientes significan beneficios, y poco a poco el cambio de nombre permitió diagnosticar a niños y niñas. Esto ayuda a ocultar el aspecto de la excitación sexual masculina, haciendo que parezca más una enfermedad. Genera simpatía pública hacia los niños confusos, a menudo autistas, a los que se les dice que nacieron mal y que, por tanto, necesitan una corrección médica.

Pero las criaturas no tienen perversiones. «Para justificar el diagnóstico de trastorno parafílico», como el AGP/trans, «un individuo debe cumplir el criterio A y el criterio B, indicando este último que la parafilia causa angustia o deterioro en el funcionamiento o que la práctica sexual implica inherentemente a personas que no consienten estar involucradas en ella». Por lo tanto, se reconoce clínicamente como una práctica sexual cuyo núcleo es el no consentimiento. ¿Qué es la actividad sexual no consentida? Antes de que se la calificara de despampanante y valerosa, la entendíamos como violación, agresión sexual y acoso sexual.

La clínica Tavistock and Portman, que se ha convertido en sinónimo de «trans» desde que medicaliza a niños que no están conformes con su género y que a menudo son autistas, subraya el vínculo entre la parafilia travestista masculina adulta y los delitos sexuales. Según su propio sitio web:

La Portman Clinic, que forma parte de la Tavistock and Portman NHS Foundation Trust, se fundó en 1933 y es una clínica ambulatoria del NHS (Servicio Nacional de Salud británico) especializada en la evaluación y el tratamiento psicoanalítico de problemas de conducta sexual delictiva y problemática en niños y adultos: delitos sexuales, conducta antisocial y violencia, así como conductas que pueden no ser ilegales pero que causan graves trastornos a la persona, como la adicción a la pornografía adulta.

Además de crear y financiar una clínica para adordar los delitos sexuales y las parafilias, incluido el trastorno travestista, grupos de mujeres y académicos británicos han señalado al gobierno del Reino Unido en repetidas ocasiones sus propias estadísticas, que muestran la conexión entre el trastorno travestista y los delitos sexuales. En una comparecencia ante el Parlamento británico en 2020, Michael Biggs señaló que:

de los 125 presos transgénero contabilizados por el servicio penitenciario en 2017, 60 habían sido condenados por delitos sexuales, incluidos 27 condenados por violación (BBC News 2018). En comparación, en el conjunto de la población reclusa, el 19% de los hombres habían sido condenados por delitos sexuales y solo el 4% de las mujeres.

En aquel momento, las estadísticas del Ministerio de Justicia mostraban que:

76 de los 129 presos nacidos varones que se identifican como transgénero (sin contar ninguno con GRC [Certificado de Reconocimiento de Género]) tienen al menos 1 condena por delito sexual. Esto incluye 36 condenas por violación y 10 por intento de violación.

Una solicitud de libertad de información presentada por Fair Play For Women… revela que el mismo patrón se observa en los datos de 2019. En esta ocasión, 81 de los 163 presos transgénero de Inglaterra y Gales tenían al menos una condena por un delito sexual. Un análisis más reciente de los datos del censo realizado por Sex Matters ha puesto de relieve esto:

11.660 hombres de una población de 29,5 millones = 1 de cada 2.530 hombres cumpliendo condena por delitos sexuales.
103 mujeres de una población de 30,4 millones = 1 de cada 295.000 mujeres condenadas por delitos sexuales.
92 mujeres trans de 48.000 = 1 de cada 522 mujeres trans condenados por delitos sexuales.

Estos datos sugieren que los hombres que se identifican como «mujeres trans» tienen cinco veces más probabilidades que el resto de los hombres, y 566 veces más que las mujeres, de cometer delitos sexuales».

Este vínculo entre delitos sexuales y parafilias, en particular el trastorno travestita, se repite en todo el mundo. Un reciente estudio canadiense sobre reclusos de «género diverso» ha puesto de manifiesto patrones de criminalidad basados en el sexo, con hombres que se identifican como «transgéneros» encarcelados por delitos violentos y sexuales. De hecho:

casi dos tercios (64%) de estos delincuentes habían cometido un delito sexual, mientras que el 88% habían sido condenados por delitos sexuales anteriores. Casi todos (94%) habían cometido esos delitos mientras vivían como su sexo biológico. La mayoría (85%) cometió delitos que causaron la muerte o daños graves a su(s) víctima(s), mientras que el 70% infligió daños psicológicos a su(s) víctima(s). El examen de la victimología muestra que más de la mitad eran menores (58%) o mujeres (55%)’. Un tercio (33%) de los delitos cometidos tuvieron múltiples víctimas.

En cuanto a Estados Unidos, Anna Slatz informó en 2022 que:

Los datos obtenidos de la Oficina de Prisiones… revelaron que casi el 50% de los reclusos varones que se identifican como trans están detenidos por delitos sexuales, en comparación con sólo el 11% de la población masculina general.

Amanda Stulman había obtenido los datos, pero observó un problema importante, que:

los centros penitenciarios estatales no suelen llevar estadísticas precisas debido a que la codificación se basa en los marcadores de identidad de género de los documentos legales y no en el sexo biológico real.

Stulman señaló un caso reciente en el que un hombre biológico condenado por abusar sexualmente de dos bebés fue registrado como mujer en el sistema de la Oficina de Prisiones. No debería sorprenderle a nadie saber que Jakob Neives, también conocido como Dakota, sea un transactivista que antes de su encarcelamiento defendía públicamente el acceso de los hombres a los espacios reservados a las mujeres basándose en su autoidentificación de género.

La normalización social de que los hombres utilicen a mujeres y a la infancia como carne de fetiche es peligrosa:

en las últimas décadas, las investigaciones sobre delincuentes sexuales han demostrado que quienes padecen trastornos parafílicos presentan una mayor posibilidad de cometer delitos sexuales en el futuro.

Por eso vemos con tanta frecuencia lo que supuestamente nunca pasa. Tienen que alimentar el fetiche. Esta verdad se refleja en las estadísticas, que sólo dan una pobre instantánea de los índices reales de violaciones y agresiones sexuales. Sabemos, por ejemplo, que:

en Inglaterra y Gales, más del 99% de las violaciones denunciadas a la policía no acaban en condena… el resultado de un sistema de justicia penal que hace que el enjuiciamiento de las violaciones sea extremadamente raro, largo y difícil.

Sabemos que en todo el mundo los hombres que han puesto mujer en sus documentos de identidad están sesgando los datos y están siendo registrados como mujeres agresoras sexuales. Sabemos que se han ignorado denuncias de violaciones porque el autor es un varón que se identifica como trans. Por ejemplo, en 2021:

El personal del hospital [NHS] dijo a la policía que su paciente no había sido violada porque el presunto agresor era transgénero, a pesar de que las cámaras de seguridad mostraban la agresión en la sala.

El absurdo término «transfóbico» ha creado una casta sagrada de hombres a los que no podemos criticar ni procesar:

Una presa de Illinois denunció haber sido violada en la cárcel por un hombre; el abogado del violador la acusó de «transfobia».

Como se informó en el Reino Unido en 2021:

Las reclusas que llamen a los reclusos transgénero por el pronombre equivocado podrían enfrentarse a un tiempo extra en la cárcel (artículo en español) en virtud de las normas de igualdad, dice un ministro de Justicia.

Los delincuentes masculinos recluidos en los módulos penitenciarios femeninos son un peligro para las reclusas y el personal:

El ex ministro de Prisiones, Rory Stewart, declaró en una entrevista reciente que se habían dado «casos de reclusos que se identificaban como mujeres y violaban al personal penitenciario«.

¿Cuántas mujeres y niños han sufrido abusos pero tienen miedo de hablar por si son denunciados? Sin embargo, a pesar de estas barreras para enjuiciar y condenar las violaciones y los delitos sexuales, los hombres que se identifican como mujeres tienen más probabilidades de cometer delitos violentos y sexuales que los hombres que no se identifican como mujeres. En las páginas 4 a 9 de este informe de 2023 del Women’s Forum Australia al Parlamento de Queensland se ofrece una breve tabla, con enlaces, de ejemplos de delitos violentos y sexuales cometidos por hombres que se identificaron como transgénero.

No voy a mentir, no voy a negar el patrón, para proteger los sentimientos de un hombre, en particular de un hombre que muestra un comportamiento sexual depredador. Que obliguen a mujeres y a menores a participar en público en su perversión, que se exciten con ello, que disfruten de la naturaleza no consentida, es una montaña enorme de señales de alarma. ¿Quién añade menores a su archivo pajero (artículo en español)? Por lo tanto, y reconozco que es un poco largo, pero en lugar de decirles a las mujeres «pero este es bueno, es mi amigo», podríais por favor decir «este ha sido hasta ahora bueno conmigo, mientras personifica y encarna la ideología que destruye los derechos de las mujeres y de la infancia, me define como un disfraz y un objeto. Me ha encandilado». Sólo para que quede claro.

Nota de la traductora: el nombre que Dr Em usa es Nigella, yo lo he cambiado a Antonella para las lectoras españolas. La expresión «not my Nigel» podría traducirse como «no mi Borjita», dicho por (generalmente) madres que niegan que sus hijos son capaces de hacer daño.

Artículo original

4 comentarios

  1. Excelende artículo. Si la aplicación de la Ley trans sigue su nefasto curso, en breve, con la desaparición del sexo como identificación inequívoca del mismo convertirá a las Mujeres en autoras de delitos sexuales. Denigrará a la mujer una vez más. A estas alturas de mi vida, dudo seriamente que esto sea un daño colateral. Es una guerra abierta a las mujeres aprovechando y empoderando convenientemente a estos Nigella o Antoniella para ello.

    En este enfermizo camino, se pone en peligro a todos y todas esas jóvenes convencidas de estar viviendo una vida de mentira en un cuerpo equivocado.

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